LA BRONCA CONTRA RODOLFO HERNÁNDEZ…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

img_20160507_161718Nada puede pintar más de cuerpo entero el espíritu camorrista y pendenciero del santandereano que toda la bronca que se ha armado en torno el Alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, a quien ya le están haciendo andar una acción de revocatoria del mandato, apenas si cumplido su primer año de gobierno. Claro, desde el comienzo de la campaña a la alcaldía y apenas si posesionado como gobernante de los bumangueses, Hernández la emprendió contra los anteriores administradores de la ciudad y los respectivos concejales de la coalición mayoritaria de Lucho Bohórquez, a quienes de ladrones para arriba califico con ligera agresividad de lenguaje, que acabo de caldear los ánimos.

¿Quién dijo miedo? Los concejales liberales, viejos y curtidos zorros de la política bumanguesa, no se le amilanaron para nada y contra atacaron con tanta o más vehemencia que nuestro querido alcalde, pero afortunadamente lo que presagiaba una batalla campal con todo el encarnizamiento debido, fue morigerándose poco a poco, y mal que bien los cosas entre Concejo Municipal y Administración local se fueron amainando un tanto, y entre gruñidos y picaditas de ojo, la opinión pública ha visto que algunas cosas salen adelante para el bien de algunos sectores de nuestra ciudad capital.

Yo no voy a pedirle ni a nuestro alcalde y ni a los concejales de la coalición que cambien su temperamento “piedrero”, porque eso sería como pedirle peras a un olmo, cosa que nunca se verá. Así somos, diría ya hace varios años en un libro uno de nuestros más brillantes jurisconsultos, y tratar de sacar lumbre a las esquirlas de la personalidad de santandereano es empresa en la que solo se adentrarían quienes creen en milagros, que por ciertos son los más ladinos y sucios entre todos los habitantes de estas breñas.

Pero persistir en el empeño de la revocatoria es una tarea de la más mala leche que yo he visto en los últimos tiempos, e invocar “el beneficio de todos los bumangueses” es recurrir a la más vulgar de las demagogias, porque todos sabemos de qué material están hechos ciertos “líderes sociales”, que son solo la cara visible de unas manos invisibles que manejan su actuar. En lo personal no me he saludado la primera vez con Rodolfo Hernández, no creo que él sepa quién soy yo, no estoy “engrasado” con pauta de la Alcaldía de Bucaramanga, y contrariamente a lo que malintencionadamente dijera una colega a la que quiero mucho, no me compraron con una invitación a la finca del Café de los Santos, viaje en el que en ningún momento se habló ni de política ni de respaldos al Alcalde.

Pero tirarnos una millonada de pesos en un proceso que claro, es legítimo, consagrado en la Constitución y todo lo que se quiera, no me parece racional, sobre todo en momentos en que tantos sectores populares adolecen de obras, escuelas y respaldos formativos para respaldar a una juventud que se nos esta descomponiendo aceleradamente. Ese es mi humilde criterio. Pero padres tiene la Patria y la Santa Madre Iglesia – que al igual que los hipócritas cristianos protestantes – predican ladinamente el amor pero hacen con saña la guerra.

Y por favor doctor Hernández deje de buscar cada 24 horas una pelea más, como la que acaba de comprar con el Vicepresidente de la República, que no sé si es más o tan soberbio como usted. A los madrazos es muy difícil hablar de reconciliación en una nación que dicen –yo todavía no estoy tan seguro – que está empezando a vivir los grandes deleites de la paz… y sobre todo no de pele con los que tienen la plata y pueden impulsar, gústenos o nos, obras en nuestro beneficios.

A quienes como consecuencia de estas líneas me arrearan la madre con inquina sinigual, quiero decirles que la pobre señora ya hace muchos pero muchos años se murió, y que estoy seguro que a los muertos no les llega las palabras necias de los vivos neuróticos. Pero antes de cavilar en la querella, bueno sería tomar un par de respiraciones relajantes, para terminar pensando por una vez en mucho tiempo en el bienestar colectivo. Pero si se quieren gastar el tiempo y la plata en pendencias y revocatorias mal intencionales, allá cada cual con su conciencia. Los que pagaran los platos rotos son las generaciones venideras, que no entenderán como nos gastamos nuestros mejores recursos en ventilar vanidades majaderas, en lugar de construir futuro. Porque al final, como dice un libro disque sagrado en el que yo no creo, todo termina siendo vanidad de vanidades… Que bien cara nos sale a los del pueblo.