¿UN AÑO NEGRO?

Las primeras de cambio de este 2017 no pintan precisamente bien y, ya, luego de las alegres declaraciones de uno de los recién nombrados miembros del gabinete de Donal Trump, algunos medios un tanto sensacionalistas de China han amenazado con una posible guerra nuclear,  chanzas que no son precisamente las más adecuadas para abrir un año en el que mientras aquí, más hipócritamente que otra cosa hablamos de paz, los duros del planeta la pintan negra, como diría en su jerga un muchacho de nuestros días.

Lo que nadie puede negar es la sensación de inseguridad de esos discursos puede infundir en la bolsa de valores del mundo, donde los inversionistas, que ciertamente no están dispuestos a feriar sus fortunas, pueden contraer sus giros, generando una gran recesión de proporciones incalculables en todas las económicas del planeta.

De por si la política proteccionista que el Presidente electo de los Estados unidos ha trazado como su máxima para la económica norteamericana, va implicar serios reveces para varios mercados del mundo, echando a pique, de paso, varios tratados internacionales firmados por los gigantes del norte, lo que al nuevo y controvertido Presidente electo parece importarle muy poco. Lo que indica que ambiente se caldeara en serio y, como siempre, todos sabemos dónde empiezan los conflictos pero no donde pueden terminar.

Valdría la pena entonces preguntarse si frente a tan explosivo e inesperado gobernante las naciones de su patio trasero, como nosotros, podemos esperar algo bueno. No hay que olvidar que los giros, tildados de ayuda, al ejército y la defensa colombiana por parte de los Estados Unidos han sido de varios miles de millones de dólares, y que buena parta del éxito de la estrategia militar colombiana frente a la guerrilla y en la lucha contra el narcotráfico se ha debido a ese respaldo.

¿Querrá Donal Trump continuar con tan generosas contribuciones para con nosotros y, aún más, se comprometerá tan personalmente como lo estuvo Barack Obama, en el proceso de paz en Colombia, actitud que fue decidida y contundentemente para lograr los acuerdos?  Porque así brinquen en una pata de rabia nuestros revolucionarios civiles de pacotilla, ese respaldo ha sido fundamental, y habría que esperar a ver qué sucede si el nuevo dueño del poder en Gringolandia decide, así de tajo, dejarnos colgados de la brocha.

Y el estado de la económica colombiana no está para dárselas de bravucones. La deuda externa es altísima, el comportamiento de la industria y el comercio en los últimos 12 meses no ha sido el mejor, y, para peor de males, el gran plan nacional de vías del Presidente Santos se está viendo  infectado, y de manera grave, por el virus  Odebrecht, que apenas si comienza a mostrar sus primeros síntomas y, amenaza extender sus efectos a otras partes del cuerpo nacional. Prefiero no ahondar en lo que eso va implicar para el departamento de Santander cuando, justo, las obras iban a desarrollarse dentro de nuestro territorio. Y ni  para que recordar lo que los malos manejos de Reficar han implicado para Barrancabermeja y Santander. Y lo peor del cuento señor Fiscal, ahí hasta ahora no hay resultados claros en las investigaciones.

 “La mayor inversión pública en la historia del país fue la ampliación de la Refinería de Cartagena- nos recordaba hace días en El Espectador Salomón Kalmanovitz- Estamos hablando de $26,4 billones, equivalentes a 3,4% de la riqueza que anualmente se produce en Colombia. La Contraloría ha encontrado un gran número de inconsistencia y sobrecostos que pueden tener implicaciones penales para los responsables” apuntaba el prestigioso economista que titulara su columna, como quien no quiere la cosa: ¿Qué pasó en Reficar?

En fin, los nubarrones que hay en el horizonte no hacen prever precisamente días soleados y brillantes, pero ojala yo y otro montón de señores estemos equivocados. A lo mejor por fin en muchos años las oraciones de los miles de cristianos y católicos que tenemos en el mundo sirvan para algo. Porque hasta ahora lo que ha demostrado la experiencia de los últimos decenios es que el dios al que le rezan esos ingenuos hombres no los ha escuchado. Tanto es así que no impidió que un incendiario de la talla de Donald Trump llegara a la Presidencia de Estados Unidos. Ni que los corruptos de este y todos los países se arrepientan de sus malas mañas. ¡Qué vaina!