LA REVOLUCIÓN DE LAS MUJERES…

La marcha al otro día de la posesión en la Presidencia de Estados Unidos de Donald Trump fue, sencillamente impresionante, y una muestra más de que cuando la base se siente tocada no hay establecimiento que pueda contener esas aguas desbordadas de soberbia e indignidad luego de muchos años de afrenta y humillación.  Las grabaciones conocidas del hoy presidente de los Estado Unidos con respecto a lo que él supuestamente podía hacer con cualquier mujer fueron ciertamente humillantes y expresión de un machismo extremo que solo se puede calificar de ignorante.

Pero la ignominia y el pisoteo de la dignidad de las mujeres y las minorías no se da solamente en Norteamérica y, a lo largo y ancho del mundo, el derecho de la mujer de tener un puesto debajo del sol en el mundo político y social es vilmente ignorado por unos hombres que manejan el poder como un dominio exclusivo de machos al que, si ellos quieren, les dan un trozo de participación a la mujer.

No sé porque justamente viendo esta movilización heroica y dignificante de las mujeres en varias ciudades de Estados Unidos, me acorde de la miserable y torticera jugada que en nuestro país y departamento de los supuestamente izquierdistas que el disque glorioso partido liberal le hicieran a las mujeres para dejarlas sin participación en las listas a las corporaciones públicas, en contra vía de lo que la Ley dice en el papel pero que nadie es capaz de hacer cumplir.

Tristemente el machismo tiene una larga historia arraigada en el judaísmo excluyente en los textos de lo que los dogmáticos “Antiguo Testamento”, en donde es más valiosa una cabra o una mesa que una mujer, en criterio de los personajes que se ponen en escena en esos escritos. Y no se puede desconocer que fue precisamente del judaísmo de donde el naciente catolicismo,  concretado en los primeros años de esta nueva, heredó el desprecio aberrante al puesto de la mujer en la sociedad.

Resulta increíble que aun hoy, en pleno siglo XXI, la iglesia crea con convicción torpe, que la mujer no pueda ejercer el sacerdocio,  que allí es solo un privilegio de los machos, algunos no muy machos, y por cierto bastante corrompidos cuando sodomizan infantes indefensos y son actores de muchos otros crimines de violación a la ética social, solo porque la tradición de muchos siglos de creencia religiosas, que siempre han sido aliadas del poder político a lo largo de los tiempos, así lo considera dogmáticamente.

El catolicismo no solo heredo una mala herencia teológica y de género de los hebreos testarudos sino igualmente de un imperio romano machista al cual más en donde en poder se heredaba por medio de trapisondas y asesinatos que derrumbaban un Emperador e imponía a uno nuevo. La fuerza y la rudeza como símbolo de hombría no fue solo una mala herencia de los primeros siglos de esta era, sino que se ha perpetuado en una serie de tradiciones culturales absurdas, que en canciones y presunciones infelices, hacen creen que algunas mujeres merecen ser asesinadas, o por alguna infidelidad real o imaginaria, o por cualquier otra cosa. Aberrante.

Nadie como el señor Trump para encarnar, en esa grabación con un amigo que fue filtrada, lo más ruin, miserable e indecoroso del machismo histórico, cuando con cinismo imperdonable se preciaba de que el no solo hacía con las damas lo que a él le daba la regalada ganas, sino que, aún más, ellas se sentían felices de que así fuera. Claro que si se filtraran conversaciones privadas de algunos dirigentes colombianos, a todos los niveles, la diferencia de tono no serían muchas. Ojala las mujeres de esta lado del mundo aprendieran de la determinación valerosa de las norteamericana y le dijeran a los dirigentes de todos los partidos de este tropical país que no van a poder seguir haciendo con ellas lo que gamonales de vieja estirpe quieran. Porque definitivamente bueno es cilantro, pero no tanto.