GOBERNANDO CON TITULARES DE PRENSA.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

No sé porque en estos días de la destorcida de las supuestas “grandes obras de infraestructura” que con bombos y platillos nos ha prometido por tantos años el gobierno Santos, me acuerdo de ese párrafo de la popular canción que interpreta tan magistralmente Héctor Lavoe: “Tu amor es un periódico de ayer, que nadie más procura ya leer.  Sensacional cuando salió en la madrugada, a medio día ya noticia confirmada, y en la tarde materia olvidada”.

Si las cuentan no me fallan se van a completar al final del gobierno de Santos no ocho sino diez y seis años desde cuando al comienzo del gobierno de Álvaro Uribe, él y su famoso Ministro Monje de Obras Públicas, nos comenzaron a prometer una vía de cuatro carriles a Cúcuta, “que nos envidiarían todos los gobiernos del mundo”, en labios de no sé cuál de los dos mentirosos gobernante y Ministro, que como siempre, nos han creído bien pendejos -¿y no será que lo somos?- para echarnos cuentos chinos que cual cretinos nos comemos enteros.

Ahora cuando la Ruta del Son iba a ser la gran salvación de las comunicaciones de Santander y el Río Magdalena seria uno de los medios fluviales más modernos y ágiles del planeta, resulta que el problemita de Odebrecht nos da en la cara de un solo totazo, como para que nos despertemos de los cuentos de hadas en que nos mantienen.  Pero ¡ah!, es que gobernar a punta de titulares de prensa es la cosa más fácil que hay, y si no pregúntanos a los periodistas que somos los alto parlantes de todos los gobiernos de turno para venderle el cuento al pueblo de que la felicidad ¡ahora si va a ser!

La cosa de la corrupción internacional, nacional y local esta tan fea, que la Revista Semana nos  contó en estos días, que “El banco japonés Sumitomo declinó entregar recursos a la obra ante el escándalo por los sobornos de Odebrecht, el principal socio del consorcio Navelena”. Y busquen a ver si pueden otro soporte financiero mientras, día tras día, nuevos grandes ladrones de cuello blanco pasan por esos mismos titulares de prensa como comprometidos en el supe espectacular escándalo.

A mí me da mucha risa un comercial que hay por ahí asustando a gentes de clase media y baja con la cárcel por no hacer la cosas “a lo bien”, mientras se callan ladinamente que son precisamente los grandes consorcios y políticos del país y del mundo, a todos los niveles, quienes le meten la mano a la tesorería que guarda los pesos que se recogen con los impuestos en todas partes. Y recuerdo entonces muy bien un viejo grafiti de hace como 45 años que vi por lados de la Universidad Nacional, que definía perfectamente la tabla de valores en este endemoniado país: “Quien se roba un gallina es un delincuente, quien se roba miles de millones de pesos es del Incora”.

Acababa de pasar por esa instituciones que yo que ya no existe, un gran problema de desfalcos y contrataciones amañadas y, como siempre, a los de uñas largas de cuello blanco no les paso nada. Como no les va a pasar nada a muchos de los actuales comprometidos – que no son todos los que están, ni están todos los que son – en tantos casos de corrupción en este país, y entonces si hay que darle la razón a don Laureano Gómez, cuando desde hace muchos pero muchos años, decía con soberbia pero con mucho sentido de las cosas, que en este país somos unos tigres para aplicar la política oficial del “tapen, tapen, tapen”.

Pero la cosa es de tal catadura, que luego de varios y largos meses de conversación con la guerrilla ni siquiera unos pinches campamentos decentes les tenían armados a la tropa de las FARC para que se concentren mientras llega la hora del desarme real de éstos últimos. ¡No hay derecho! Pero eso sí, los titulares de prensa y el incensario de los columnistas soba chaquetas sobre las maravillas del proceso de paz no paran. Los dioses del Olimpo quieran que el gobierno le cumpla a los señores en tránsito de la dejación de las armas, porque lo que si sería el colmo es que esto de la paz que anhelamos tantos colombianos, sea otra gran empresa mediática que no queda en nada. ¡Podemos ser muy mentirosos y ladinos, pero hasta allá no podemos llegar!