¿SANGRE HUMANA CONTRA LA SANGRE TAURINA?

El hombre es el ser más desconcertante que puede existir sobre este planeta y tratar de defender con madurez su racionalidad es casi que imposible cuando uno mira el panorama general del mundo donde la violencia y la soberbia humana se enseñorea por todos los lados. Ahora resulta que para protestar y buscar obviar la fiesta taurina en Bogotá, evento ciertamente con visos de violencia pero que ha sido arraigado por una una vieja tradición cultural de muchos pueblos, resulta valido colocar bombas y herir y hasta asesinar policías y civiles que con todo el derecho del mundo buscaban defender un espectáculo que a algunos les gusta y a otros no.

¿Pero donde está la cacareada tolerancia que algunos pregonan como signo manifiesto de la cultura moderna, la paciencia y comprensión que no se ve por ninguna parta ni en el país ni en otras sociedades de la geografía política universal? Es la misma contradicción de los curas que hablan en nombre de una santidad beatifica pero que sin embargo son capaces de las más atroces violaciones con niños prácticamente indefensos. O la estupidez de una supuesta revolución de pacotilla que en nombre del pueblo saca del aire a una cadena televisiva como CNN, solo porque a “los gorilas” que gobiernan Venezuela no les interesa que la verdad de la situación por la que atraviesa ese pueblo se conozca en el resto del mundo.

Por supuesto que el terrorismo y la violencia no son nuevos en este cumulo de sociedades que pueblan este globo viajando por el infinito espacio, pero so achaque de defender la vida de unos toros no se puede justificar, a ningún precio, matar a humanos. De costumbres, tradiciones y eventos raros es de lo que está lleno este planeta de locos que, cada uno a su manera, pretende imponerle su verdad a los otros, aun la de la paz, con violencia.

La libertad y la tolerancia están basadas en el principio de que cada cual, mientras no le haga un daño a su próximo, a su prójimo, pueda hacer de su vida lo que mejor prefiera. Lamentablemente desde tiempos inmemoriales han surgido todo un número de fanáticos que en nombre de unos supuestos dioses, o uno dogmas ideológicos de las más variadas zoologías, o de un vegetarianismo que a veces resulta tan dogmático como las más fanáticas de las ideologías, pretenden hablar desde el Trono de la Verdad Única, que no solo la aceptan para ellos sino que se la quieren imponer al resto de los mortales.

Eh ahí el detonante del asunto: ¡Yo tengo la verdad! ¿Sí? ¿Y en nombre de quién? Pues en nombre de un dios con el que los locos fanáticos dicen que han hablado, en nombre de las mil ideologías y partidos que se han y se siguen inventando en el mundo, o de los vegetarianos que no quieren la muerte de ningún animal viviente pero les importa un carajo matar a una ser humano en nombre de esa militancia férrea en defensa de los animales…

Y no se puede esperar que hacia adelante las cosas cambien porque lo que realmente sucede es que cada día que pasa nuevas locuras aparecen en la mente de los bípedos racionales que se creen la raza superior del planeta. Bueno, superiores en general, porque si detallamos los blancos se creen superiores que los negros y demás razas del mundo, los Testigos de Jehová más santos que los de las Cruzadas Evangélicas, y en fin, una escala infinita de egos, ególatras, ideologías, gobiernos y movimientos sociales que en nombre de “su verdad”, se quieren parrandear al resto de los mortales.

Se diría que el 90% de los habitantes de este planeta necesitan un siquiatra, pero el problema con el enfermo mental y el dogmático es que no puede ver su propio desequilibrio y antes por el contrario se cree poseedor de la gran racionalidad para decirles a los demás seres por donde deben orientar sus vidas. Yo preferiría no ver morir toros ni vacas en una plaza taurina o un matadero dedicado a esos menesteres, pero entonces a los que comen carne eso les parecería un exabrupto. Pero en lo que sí creo que deberíamos estar de acuerdo todos es que en nombre de la guerra contra las tendidas taurinas, no deberíamos ver muertes ni de civiles ni de agentes del estado que solo están sirviendo a una causa patriótica. Eso no es lógico, cuerdo, equilibrado, sensato, y solo clama por que los autores de tal exabrupto sean de verdad ejemplarmente castigado por la Ley.