LA DICTADURA CONTRA EL PERIODISMO…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

No es ciertamente nueva las posiciones de fuerza de algunos gobiernos contra lo que alegremente se llama libertad de prensa, y desde que el periódico, así fuera en forma primitiva, se inventó,  todos los gobernantes del mundo se han dado sus mañas para que de una u otra forma su imagen y las acciones de sus gobiernos se vean color de rosa.

Resulta más bien ingenuo sorprenderse porque el gobierno de Venezuela haya resuelto sacar de la parrilla visible en su territorio a CNN, y antes bien, ante tamaño orangutanes que hacen lo que les da la gana en esa hermana nación, lo cierto es que se habían demorado mucho en darle un patadón  a un medio que tenía posibilidad de presentar, sin la censura, la realidad de lo que vive cada ciudadano de la pomposa República Bolivariana de Venezuela.

Ahora bien lo que a mí me llama a reflexión no es que los dictadores sean patanes, sino lo inoficiosas que muestran cada día ser las organizaciones nacionales, latinoamericanas o mundiales creadas supuestamente para no permitir –pomposa presunción- que los más mínimos derechos de los ciudadanos del planeta sean pisoteados. La OEA, la ONU, la OTAN y tantos otros organismos grandes, medianos y pequeños, son verdaderos reyes de burla ante sus presunciones vanidosas de defender los derechos, humanos, literarios y de lo que sea de los habitantes de este planeta, porque la verdad es que estos derechos son pisoteados delante de las narices de tales organizaciones sin que pase nada.

Hablar de democracia, participación, derechos humanos y en fin todo ese rosario de supuestas adquisiciones de la cultura de la  historia del hombre sobre la tierra es fácil, pero otra cosa es que se tenga la voluntad política, las muelas, para poder hacer efectiva las tales garantías. Venezuela, como Rusia, como el nuevo y arrogante presidente de los Estados Unidos seguirán haciendo de las suyas hasta que, llegados al extremo, las armas diriman luego de más muertos de los que hoy se registran todos los días, quien tiene la razón. O mejor, no quien tiene la razón, sino quien se ha ganado el derecho a imponerla por su triunfo en las armas. Esa ha sido una constante en la historia política y militar del planeta, y no creo que nuestro cerebro en general haya avanzado un ápice para concebir y creer, efectivamente, un mundo mejor.

En cuanto al grito histérico por la libertad de prensa no hay que preocuparse mucho porque jamás, ni dictaduras ni supuestas democracias la han practicado realmente, y todo se ha limitado a un juego peligroso entre periodista cojonudos que se atreven a denunciar con pelo y señales, y estados que, abierta o encubiertamente, los mandan a matar. Ciertos ideales como el amor, la igualdad, la fraternidad y la democracia efectiva, son quimeras frente a la cual anhelan teóricos y masas más ilusas que realistas, pero que en la práctica global de la política universal no se ven.

CNN se fue de la parrilla noticiosa de los venezolanos y no pasó nada. Trump construirá su peripatético muro en la frontera con México, y la ONU y la OEA demostraran una vez más que son un nido desvergonzado de burócratas muy bien alimentados. Y periodista que joda mucho o lo matan o le declaran el hambre con la carencia de la pauta para su medio. Y sin plata, desgraciadamente, no hay nada. Por eso los que la tienen, bien o mal hecha, hacen con nosotros su no tan santa voluntad.  Así chillemos como una canastada de pollos.