UNA SOCIEDAD ENFERMA…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

Mientras todos los días los medios de comunicación oficiales reproducen pautas publicitarias de lo intolerable y monstruoso que es tener una sociedad que hace del Feminicidio una triste y miserable constante, este tipo de ataque artero contra las mujeres se reproduce permanentemente en el sur, en el norte, en el oriente y el occidente del país, demostrando, una vez más, que por un lado va el discurso oficial y por muy otro los hechos elocuentes de la vida real que esta sociedad tiene que soportar permanentemente.

¿Qué es el acoso escolar sino la expresión de una sociedad que desde los primeros años de edad de sus miembros aplican en la practica la lay animal del más fuerte y en la que los profesores, como otros tantos sinónimos de autoridad, no tienen una respuesta cierta? Pero es que claro, una cosa es vivir del discurso, de los titulares de prensa y televisión y muy otra estar inmerso en un núcleo social, barrio, colegio, edificio de apartamentos o invasiones,  en donde la autoridad en la práctica no existe y el más fuerte, a su manera, hace lo que le dé la gana con el más débil, sin que un correctivo cierto se vea en el inmediato futuro para quienes son sometidos a todo tipo de vejámenes.

Para triste botón de muestra están los alojamientos de los guerrilleros desmovilizados de las FARC que aun a esta altura no han sido provistos todos y de la mejor manera, porque el señor que pusieron en la entidad encargada de hacer el oficio es un verdadero incapaz y solo tienen a su favor la recomendación de algún fuerte político para defender su “chanfaina”. Y así, en todo. Lo que me ha hecho ser a los largo de mi vida, luego de ver tanta pero tanto cuento chino, un escéptico irremediable de las declaraciones oficiales ampliadas con bombo y platillo por prensa, radio y televisión.

El discurso de nuestro Presidente de la República es que ya hoy vivimos en Colombia en una nación en paz, lo que no deja uno de ser uno de los tantos recursos demagógicos del señor Santos para hablarnos de hechos que en la práctica no existen, pero que  llenan titulares de prensa y columnas de opinión de señores que ayudan a que la facción impúdica de un país distinto se imponga. ¡Ah, pero no es solo en los estamentos oficiales donde la agresividad y la maledicencia se da por montones!, sino que aun desde varios sectores de opinión se escucha las voces que reclaman que por qué van a construir alojamientos dignos a los guerrilleros de base de la FARC, como si lo ideal fuera tirarlos a la descubierta a aguantar sol y agua y de paso, si fuera posible, cogerlos a patadas.

El gobierno no solo hizo un acuerdo a las escondidas en La Habana, sino que no hizo la suficiente pedagogía para asentar en la mente de los ciudadanos que un acuerdo implica concesiones de parte y parte, y que si de verdad queremos una paz, deberíamos acoger a esos muchachos que dejan las armar con afecto y cariño. Pero no. Lo que prima es la inquina, el deseo de venganza, la agresividad desbordada, y con esos elementos es muy difícil hacer una paz autentica y verdadera.

Mientras tanto los miserables Feminicidios se seguirán presentando a lo largo y ancho del país sin que tengamos otra forma de asumir la situación que la de seguir  llorando sobre la leche derramada, hasta la próxima calamidad. Porque por encima de los discursos supuestamente indignados de las autoridades, la agresión criminal sobre las mujeres seguirá presentándose aquí y allá. Y esos asesinos y víctimas, más los pobres hijos que quedan en medio de la tragedia, son los que conforman el marco supuestamente ideal de una sociedad  que estaría en camino de la  paz. ¡Sí, cómo no!