¿ME CANSE?

Por Wilfredo Sierra Moreno.      

Desde hace algunos días un par de amigos me vienen interrogando sobre  la razón de interrumpir mis columnas de opinión en la revista El Crisol. Y la respuesta la encontré rapidito en dos hechos que llevo  bien gravados en la mente y que muestran como en este país realmente nunca nada cambia. En el año 2004 cuando publique mi libro de  Los Coloquios de Don Clímaco con personajes de la vida nacional que decidieron hablar conmigo en el año 1.986, no faltaron quienes, con mucha razón, expresaron que los problema de los últimos 18 años –de 1.986 al 2004- no habían cambiado absolutamente en nada y que las dificultades  para la actualidad del 2004 no eran en realidad muy distintos a los del año 86 del siglo anterior.

Muy para mis adentro trague saliva y me reprimí ese orgullo fatuo de todo columnista de ser depositarios de las verdades públicas, y seguí adelante con mi trabajo de periodista de opinión pública. El problema es que hace un par de semanas a raíz de otra conversación con un acucioso amigo, me di cuenta que ahora en el 2017 los temas y problemas de este endemoniado país son casi los mismos e igualmente idénticos los  actores principales de la actualidad nacional , y me pare en seco para hacer una evaluación de la utilidad de votar corriente y tinta en una nación medio mágica, en el peor sentido de la palabra, en donde se aplica la expedita ley maquiavélica de hacerle creer a los más ingenuos que todo está cambiando para que en ultimas nada cambie.

Y no sé porque inmediatamente vino a mi mente la vida de ese ratoncito que es la mascota de ciertos muchachos y adultos con gustos afectivos  hacia los animales bien curiosos, y que introducen en la jaula del gracioso vicho una rueda circulante en la que el hámster corre y corre acuciosamente, sin que vaya ciertamente a ninguna parte, pues jamás, por mucho que pase el tiempo, está un ápice más delante de donde arranco a correr, sin importar el tiempo que gaste en su amada rueda. Me dirán pesimista, y tal vez tengan razón, aunque yo preferiría el mote de realista, así eso hiera mi ego y el de ciertos entusiastas promeseros de un futuro desbordante que, la verdad, yo no veo por ninguna parte.

Me gusta el proceso que está viviendo el gobierno con las FARC, que representaban la solución  solamente el 14 por ciento de los factores de violencia en el análisis de los expertos en esas materias en el país,  y muy a pasar de que el cese al fuego y el desarme de un sector de la guerrilla sea cierto, las muertes y los atentados se sigan registrando aun por varias zonas del país, así un buen número de mis amigos aseguraran que el simple acuerdo con las FARC era la paz para el país. Si, lo fusiles de las FARC no se disparan más y aun por encima del discurso optimista del gobierno, ello no significa en el presente  la tranquilidad total de la nación.

Hoy, después de no hacernos caso a todos los que desde diferente orillas dijimos que un acuerdo del cese al fuego sin incluir al ELN, sería un acuerdo a  medias, el gobierno se apresura a tratar de sentar a la mesa a unos actores, en el papel “revolucionarios”, que a pasar de ser manos en cantidad son mucho más conflictivos y enredadores que los señores de la por cierto, según las versiones oficiales, extinta FAR, que paso ya a convertirse en un partido político.

Pero si bien los reparos de algunos sectores de opinión escrita están sustentados en observaciones frías de lo que pasa en el terreno político militar del país, por el otro lado siguen los mismos incendiarios del Centro Democrático viendo de qué forma  dinamitan la poca tranquilidad que hemos adquirido los últimos días,  porque ellos hacen parte de esas mentes enfermizas que siempre han existido en este país, desde los viejos tiempos del arcaico capataz que a látigo y patadas, quería imponer sus puntos de vista, a las buenas o a las malas. Pareciera increíble que fue más fácil  apaciguar a guerrilleros curtidos en el monte desde hace muchos años, que a estos desaforados ególatras que lo están dando todo por incendiar de nuevo la nación.

¿Entonces qué? La parábola del hámster, que cree que ha hecho mucho corriendo todo el día sobre su ruedita metalica, pero nunca se aleja de su punto de partida. Mientras medio país se esfuerza por hacer lo que cree que es conducente para hacer una sociedad más tranquila y de quieta convivencia, la otra mita está viendo de qué forma se tira lo poco o mucho que se ha logrado para cristalizar la convivencia de los nacionales. Y ahora ha saltado a la arena la otra pata que le faltaba al cojo, la unión de todos los religiosos fundamentalistas de todas las dominaciones que en nombre del que ellos dicen que es su poderoso dios, quieren elegir un Presidente de su mismo sentir, para instaurar la férula de la hoguera y la inquisición a quienes no estén de acuerdo con ellos. ¿Paz dijeron…?  Háganle a ver pues, que yo la quiero ver antes de irme para el otro lado. Difícil. Luego dentro de los próximos 20 años vamos a tener lo mismo que hemos tenido en el país los últimos 40, con  los mismos supuestos columnistas iluminados que seguiremos dando lora con los idénticos sucesos que nos han ocupado durante tanto tiempo. ¡Qué mamera!

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