A PROPÓSITO DE LOS 20 AÑOS DE LA EMISORA CULTURAL LCGS DE BUCARAMANGA

Por: Enrique Cancelado

ENRIQUE CANCELADODurante estos 20 años hemos hecho una radio pública con el objetivo de difundir y acercar el patrimonio cultural del pasado y presente santandereano, mediante contenidos radiofónicos con la pretensión que sean también obras de arte. Un servicio público radiofónico que, como su nombre lo indica, es ofrecerlo con toda su diversidad a fin de liberar las fuerzas creativas en estado latente en el seno de la sociedad que implica apoyar las innovaciones y las tendencias nuevas, y no dirigirse solamente a un sector importante o interesante de éste.

Hemos intentado hacer lo sugerido a la revista “El Correo de la Unesco” por David Attenborough, figura importante de la radio británica: “La radio de servicio público no se reduce a una programación en que abundan las emisiones de buena calidad ni tampoco aspira a ser una conciencia social. Es un sistema que procura ofrecer la más amplia gama posible de programas y que está en condiciones de hacerlo porque no depende ni de la empresa privada ni del gobierno. Los programas de servicio público por eso son únicos en su género pueden escapar por un lado a la necedad y, por otro, a la propaganda.”

Hoy los teóricos de la comunicación latinoamericana han logrado superar conceptos europeos de cultura y a la oposición entre cultura de élite y cultura popular, con aparición de un concepto de la cultura media, mayoritaria o general, la más numerosa en nuestras sociedades, aquella a la cual todos pertenecemos gracias a la conjunción de factores como la democratización, que amplió el círculo de los públicos cultivados y favoreció la cultura de la mayoría, principalmente mediante la formulación de políticas culturales.

Esta cultura de gran público es a la vez la música, el cine, la publicidad, los medios, los viajes, la televisión, la moda, los estilos de vida y de consumo, que se diluye en el entretenimiento, cuya base es lo comercial. Déjenme decirles que esa cultura media hoy la revalúan teóricos sociales y escritores como Vargas Llosa quien critica esto en su obra “La civilización del espectáculo” y cuya precisión trajimos a los oyentes de la emisora cultural en la voz del nobel peruano desde el Hay Festival de Cartagena este año al señalar que esa cultura ponía en peligro la libertad del hombre.

A ese concepto de cultura de Vargas Llosa es al que nosotros le apostamos. A la de recuperar las evidencias fundamentales de la estética y del arte, como lo han señalado Jacques Thuillier  “En teoría general de la historia del arte” y Edgar Frederick Carrit en “Introducción a la estética”. Son esas evidencias que están señaladas en mi identidad que me hace semejante a mí mismo y diferente a los demás; en mi tradición, ese conjunto de maneras de pensar, de hacer o de actuar, que es heredado del pasado.

Ese es el espacio público que hemos defendido en este medio de comunicación. Ese espacio simbólico donde se oponen y se responden los discursos, la mayor parte contradictorios, mantenidos por los diferentes actores  culturales e intelectuales, que también componen nuestra sociedad. Es ante todo, un espacio simbólico que requiere tiempo para formarse, un vocabulario y valores comunes, un reconocimiento mutuo de legitimidades; una visión suficientemente próxima de los temas a discutir, oponerse y deliberar.