Cartas de Don Clímaco: DE ISRAEL PARA EL DOMINO DEL MUNDO…

El deicidio o la cruel venganza de la iglesia contra judíos.

Señor Director:

Golden Star of David
La concepción divinal de los judíos es un Dios de y para los judíos, porque de manera excluyente y segregacionista se han creído siempre “el pueblo escogido”.

adon-climaco1-200x200Posiblemente lo mejor que usted y yo hayamos hecho en nuestro paso por este perro mundo fue estudiar teología, porque así, con elementos intelectuales ciertos, nos pudimos acercar con mucho equilibrio a ese mundo de sorpresas y mentiras presentadas como verdades que es la religión. Y por lo menos podemos morir tranquilos teniendo la serenidad de no haber sido engañado por ese sartal de preceptos inventados por algunos para, a la mampara de un hipotético Dios, gobernar al mundo.

Posiblemente lo más desconcertante que uno encuentra cuando bucea en esos mares procelosos de la historia y la prehistoria de las doctrinas teológicas de los pueblos, es ver como desde un principio, la estructura de las concepciones judías, por ejemplo, una vez liberados de su vida nómade y casi primaria por el desierto, fueron total y absolutamente excluyentes. De un concepto bien curioso de deidad en donde las siete tribus de Israel cada una tenían su propia y particular omnipotencia, la mano férrea de Moisés – nombre detrás del cual se esconde un gran trayecto de la vida de esos pueblos del Mediterraneo – se pasó al esquema del único y antropomórfico Jehová.

Pero ojo, porque el Dios así creado era única y exclusivamente de y para los israelitas y judíos, y no exactamente para el resto de los mortales del planeta, para quienes los diseñadores de esta excluyente estructura religiosa eran poco menos que unos parias. La vida, la gracia, las bondades, las bendiciones de su Jehová era de y para su pueblo, que está claro desde los primeros libros del Pentateuco, era el pueblo elegido. Y se equivocan de cabo a rabo quienes desde estos tiempos modernos, tan lejanos a los de la estructuración del ancestral judaísmo, creen que las implicaciones de esos preceptos eran solo religiosos, ya que de allí se pasaba de acepciones espirituales a criterios políticos, administrativo y de dominación concretos. Dios, el mundo, sus propiedades y sus dominios, es de y para los judíos.

Dios, el mundo, sus propiedades y sus dominios, es de y para los judíos.      

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Realmente es Pablo de Tarso el inventor de todo el cuento cristiano, y con su supuesta “dispensación para los gentiles”, rompe el esquema teológico de los viejos rabinos judíos, lo que hace que éstos de vuelvan sus irreconciliables enemigos.

Es el habilidoso Pablo de Tarso, conocido por los no instruidos simplemente como San Pablo, quien para crear el jugoso invento del cristianismo – artilugio de su única y exclusiva cosecha – recurre a diseñar el cuento de la dispensación de Jesucristo para los gentiles. Una forma política muy astuta de brincarse, olímpicamente, ese esquema fundamental de los rabinos israelitas en cuanto a que la gracia y el mismo Dios era solo un universo para ellos. Y es posiblemente de aquí y no de ninguna otra parte, de donde surge la dura persecución del establecimiento rabínico contra los cristianos, ya que la tal gracias para los gentiles era mucho más que una herejía aberrante para el esquema político dominante en el oriente medio. Herejía que además resultaba una insurrección abierta contra el establecimiento hebreo, que para peor de males, en ese momento tenía una guerra a muerte casada con el Imperio Romano.

El señor de Tarso reuniendo en su personalidad unas inciertas raíces judías, la gran influencia que sobre él tuvo la cultura helénica y su reconocida interacción con el Imperio romano cuya ciudadanía ejerció, se inventó un cuento espectacular sobre la posible condición mesiánica de su teórico Jesucristo, mesías que él por supuesto personalmente nunca conoció y del que pudo tener pocas referencias de hipotéticos seguidores personales… Porque en el año 40 de nuestra era, que fue cuando Pablo comenzó a montar su leyenda, estaba bien adelantada la destrucción de buena parte de todas las estructuras judías por parte de los romanos, acción que tuvo su sumun culminante en la destrucción del templo Jerusalén en el año 70. Pero aun por encima de todos los cientos de años de repetir una mentira reiterativamente, los historiadores serios y bien documentados han concluido que resulta totalmente imposible comprobar la existencia cierta de ningún Jesús histórico. Aun a despecho de las adulteraciones culpables que la iglesia católica ha perpetuado en libros y autores antiguos que narran hechos de esos tiempos, y que han sido precisamente denunciados por especialistas históricos muy profesionales.

“…los historiadores serios y bien documentados han concluido que resulta totalmente imposible comprobar la existencia cierta de ningún Jesús histórico”

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La acusación de la iglesia contra los judíos como deicidas en mucho más cruel, en la medida en que los teólogos serios del mismo catolicismo saben que la vida de Jesucristo es una verdad dogmática, pero nunca fue una verdad histórica.

Pero hablar de un nuevo mesías, cuando para los romanos su emperador era el mesías, fue una jugada más política que cualquier otra cosa, y por eso la argucia creativa de Pablo de Tarso quedo amenazada de muerte entre dos enemigos mortales: el Imperio Romano que agredía de frente con su invento, y la tradición rabínica judía, que no se tragaba y hasta nuestros tiempos, nunca se ha tragado el cuento de un enviado de Dios a la tierra. Ente otras muchas y elementales cosas, porque ellos, los hebreos y rabinos de ese tiempo, tenían perfectamente claro que eso nuca fue cierto.  Pero por aquellas vueltas que da la vida, el engendro de Pablo de Tarso y sus seguidores tendrían que esperar a que, por necesidades exclusivamente políticas, fuera el mismísimo Imperio Romano, en los tiempos del Emperador Constantino, quien le diera patente de funcionamiento al cristianismo, cuando para sumar fuerzas y apuntalar un gobierno que tambaleaba, se declaraba a los súbditos de Jesucristo, religión oficial del imperio romano.

“Si con los romanos el tiempo les dio el chance de reconciliarse, nunca lo lograron ni lo lograran con la tradición rabínica judía…”

Si con los romanos el tiempo les dio el chance de reconciliarse, nunca lo lograron ni lo lograran con la tradición rabínica judía, que fiel a su dogmatismo teológico excluyente, pregonan un dios de y para los judíos, en donde no hay campo a componendas artificiales posibles. Pero la mañosa iglesia católica se ha cobrado de manera muy fea esa dura postura doctrinaria a los originarios de Israel, y en una acusación que sin lugar a dudas está, en parte, en el fondo de la persecución de que han sido sujetos los judíos en los tiempos moderno, estigmatizaron universalmente a estos como deicidas, esto es, ni más ni menos, “de matar al Dios”.           

La iglesia estigmatizo universalmente a los judíos, calificándolos como deicidas, esto es, ni más ni menos, “de matar al Dios”  

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Ciertamente la ingenuidad teológica de las grandes masas de seguidores de las múltiples religiones existentes, es lo que ha permitido convertir a estas en un gran negocio.

Y aquí es donde, señor Director, uno se vuelve a sorprender de la ignorancia crasa de las ingentes masas anónimas seguidoras de las diversas religiones en materia teológica. ¿Por qué, si como les han hecho creer a las mayorías, Dios es el creador de todo lo existente, pero además supuestamente sin principio ni fin, se puede suponer que podría uno matarlo?  Absurdo entre los absurdos…  Eso y la concepción generalizada, alimentada especialmente por los Jesuitas, de que María es la Madre de Dios, es de una incoherencia teológica realmente desconcertante. Porque es elemental que quien tiene madre tiene principio y, por supuesto, tiene fin. ¿Pero es que los seguidores de todas estas postulaciones dogmáticas estúpidas son cabezas de chorlito que no pueden hacer una racionalización tan elemental como esa? En fin, con tanto ingenuo de por medio, ya sabrá usted porque es tan buen negocio la religión…

En fin, con tanto ingenuo de por medio, ya sabrá usted porque es tan buen negocio la religión…                  

Pero una afirmación tan aparentemente incoherente como esta es, desafortunadamente, la base de todo el antisemitismo que los expertos reconocen no solo en el catolicismo, sino igualmente en el cristianismo ortodoxo y reformado, y que si no fue el argumento principal, sí estuvo de alguna forma justificando la acción criminal del nazismo,  que produjo la bobadita de seis millones de judíos asesinados. Acción emprendida por un loco que secundado por un buen número de alcahuetas, quiso llenar el planeta de otra raza teóricamente pura: los Arios alemanes.  ¿Por qué será que el ego absurdo de los hombres y ciertos pueblos solo se ven legítimamente recompensados cuando son considerados y tenidos como los superiores a todos los demás seres del planeta?   Tristemente los hombres, que hacen a sus dioses a su imagen y semejanza, no han dejado de dotar a estas dignidades tutelares de sus mismos vicios, siendo desconcertantemente frecuente leer en el Antiguo Testamento referencias a un Dios que se encoleriza irreversiblemente, y manda a pasar por las armas –matar- a quien no se someta pusilánimemente a sus designios. ¿No fue este el argumento con que las jerarquías católicas en la edad media impulsaron las cruzadas y mantuvieron el fuego de la inquisición, asesinando a quien no se declarada, porque sí, seguidor de Jesucristo?   Razón tiene el Lama Ole, del Budismo Tibetano, en decir que de ciertos dioses es mejor estar bien lejos.

“Tristemente los hombres, que hacen a sus dioses a su imagen y semejanza, no han dejado de dotar a estas dignidades tutelares de sus mismos vicios…”

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Importantes siquiatras a lo largo de la historia se han dedicado a estudiar las patologías enfermizas de algunos de los dioses inventados por el hombre.

Pero dejemos las cosas hasta ahí por hoy, señor Director, mientras usted y yo sabemos que nos caen maldiciones y deseos porque nos consumamos en el más ardiente inferno  de parte de esos supuesto beatos y muy castos cristianos, a quienes el cerebro solo les da para pasar pepitas de camándula repitiendo oraciones mecanizadas como lo hacen los loros borrachos. Usted sabe, porque muchas veces se lo he dicho, que si los cuentos populares sobre el cielo y el infierno fueran tan ciertas como se oye por ahí decir, yo prefiero ir al infierno, donde se suponen están las mujeres malas, que son realmente las buenas. Que aburrimiento pasar toda una eternidad en el supuesto cielo en medio de unas viejas rezanderas para las que todo es pecado. Eso sí que es un averno…

Con afecto:

Don Clímaco.