Cartas De Don Clímaco: PAZ EN LA TIERRA…

descarga…A los hombres de buena voluntad. Eso dicen que expresó un supuesto ángel en el hipotético Portal de Belén el día en que también, aparentemente, nació el salvador del mundo… Pero la verdad, señor Director, es que desde cuando eso teóricamente ocurrió no ha habido un solo día de paz sobre este pedazo de planeta y, antes bien, con el paso del tiempo, los factores de conflicto, confrontación, guerra y agresiones se han multiplicado como la mala plaga…

Posiblemente una de las mayores frustraciones de la Iglesia Católica es que la mayoría de sus supuestos postulados trascendentales para transformar la vida de sus seguidores no siempre o casi nunca se cumplen y, en cambio, incluso sus feligreses hacen todo lo contrario de lo que la teoría religiosa sugiere, lo que podemos ver por estos días, cuando la supuesta celebración del nacimiento del niño Jesús, es una excusa para las practicas más paganas que uno se pueda imaginar.

Consumismo al ciento por ciento, trago, parranda y mujeres, terminan siendo los hechos comunes en estas fiestas decembrina, y luego de una misa mal oída, el desafuero es el común denominador de los que dicen y los que no dicen ser católicos, porque aquí de lo que se trata es de darle gusto a los instintos, con pasión propia de los más encarnizados pecadores… Con un mayor agravante, señor director, lo que comienza con un traguito disque para festejar el Gran Nacimiento, termina en riñas, golpes a sus mujeres e hijos, heridos y muertos. ¿Es esa la más “cristiana” forma de celebrar lo que la liturgia católica denomina “el gran alumbramiento de la historia de la  humanidad?

Por supuesto la correspondencia entre la teoría y la práctica del catolicismo y de muchas de las creencias y militancias de los seres humanos no ha sido propiamente una constante en la historia de este pedazo de planeta, y por eso uno no extraña que, como el filósofo rumano Emil Cioran dijera, cada vez que un nuevo profeta surge, mas desgracias hay en el planeta.

Como es una mala costumbre de los mortales que por estas calendas hablamos y escribimos el terminar dando algún consejo, el mío a Ud., y a sus lectores, es que no dejen de ir a  llevar cierto detalle a alguno de los muchos viejitos y viejitas que están olvidados en alguno de los muchos ancianitos públicos y privados que hay en la ciudad, y en donde la tragedia de varios de esos seres habla de la ingratitud de ciertos hijos, que hipócritamente van todos días a misa, pero que no fueron capaces de practicar las virtudes teologales con sus propios progenitores.

Yo, personalmente, ya no me quejo, porque recluido entre las viejas paredes de mi destartalada covacha, hace rato que no sé qué es la visita de un hijo, nuera, nieto o bisnieto, pero no los culpo. Les ha ido tan bien en la vida que cambiaron, hacia arriba, de estrato social, y cuando uno es rico parece que no puede mirar hacia abajo, así quienes allí estén sean sus propios padres. Que le vamos a hacer, así es ésta perra existencia. Y ello a pesar de toda la “chicuca” religiosa  que habla de amor, comprensión, caridad, generosidad y desprendimiento, que nadie, a la hora del té,  practica…