COLOMBIANA-PALESTINA RESIDENTE EN EL CAMPO DE REFUGIADOS DE WUAHADAD (AMMAN) BUSCA A SU FAMILIA EN CARCASÍ (SANTANDER)

(Una muy sentida nota nos hace llegar desde Amman-Jordania uno de los múltiples lectores internacionales de la Revista Virtual El Crisol, el señor Carlos Briceño García, quien en una carta  crónica nos cuenta al anhelo de una venerable anciana santandereana oriunda de Carcasi, Santander, que quiere saber de su familia. A continuación publicamos la carta, que es un verdadera crónica tierna, esperando que algunos de sus familiares responda a los anhelos de esta mujer nuestra radicada en el exterior. El correo electrónico desde el cual se reporta nuestro lector es  rebeldeya@yahoo.es al cual pueden remitir cualquier información al particular.)

campos de regugiadosDicen los beduinos que el destino es un camello ciego que a uno lo trae y lo lleva su capricho. Y esta máxima parece que se cumple en el caso de Evangelina Palencia Olegua, una mujer de Carcasí, Santander, Colombia,  que un buen día decidió siendo aún adolescente emigrar a Venezuela acompañando a su tía Leonisa. Tal y como le sucedió a tantos colombianos allá por los años sesentas y setentas que se iban al vecino país en busca de un mejor futuro económico huyendo de la miseria atávica del mundo rural. Pero Evangelina no sólo iba a trabajar duro en una fabrica de textiles sino que allí mismo encontró al señor Mohamed Mustafá, un palestino de Ramala, que igual que ella partió a probar fortuna en Venezuela pues en Oriente Medio, por culpa del conflicto árabe-israelí, las cosas se estaban poniendo muy tenaces.

Entonces, tras un corto noviazgo, se casaron en la ciudad de Coro (Venezuela) donde fijaron su residencia. Previamente Evangelina tuvo que abrazar la fe musulmana cambiando su nombre por el de Ifa (Eva). Algo que hizo según ella por amor. Fruto de esta unión tuvieron seis hijos: Sara, Yamila, Samira, Adib, Sandra y Leila que residen en Puerto Rico, Chicago y Amman, Jordania. Y aunque ella siempre había sido una ferviente cristiana lentamente fue asumiendo las costumbres y tradiciones de los árabes; aprendió la lengua, estudió el Corán y los hadices. En este momento su esposo se encuentra trabajando en Puerto Rico vendiendo tela y ropa en los mercados. Él hace parte de la diáspora Palestina y desde el año 1967 no puede regresar a Ramala pues las autoridades israelíes se lo prohíben.

A la señora Evangelina o Ifa om Adib me la encontré por casualidad un día que caminaba por el campo de refugiados palestinos del Wahadad. Iba acompañada por su hija Leila y cuando me escuchó hablar en español con un amigo e inmediatamente me preguntó que de dónde era. Al contestarle que yo venía de Colombia por poco se va de bruces. -¡Un paisano en el Wahadad! lo nunca visto. Pero qué se le habrá perdido en ese barrio de refugiados donde se hacinan miles de personas en unas desvencijadas casuchas. Se puso a hablar conmigo largo y tendido y amablemente me invitó a su casa.

Allí bebiendo una taza de té me contó la apasionante historia de su vida.(vídeo http://youtu.be/5RaM2cELoig) La señora Evangelina o Ifa om Adib como corresponde es muy devota y usa el hijab musulmán, es decir, el típico pañuelo que le cubre el pelo y las orejas en señal de modestia y sumisión a Allah. Ella está a punto de cumplir setenta años y aunque el tiempo ha domado el desarraigo repentinamente le ha entrado un ataque de nostalgia. Hace 50 años que no sabe nada de su familia y no pude soportar más esa tortura. Me pidió que, por favor, la ayudara a buscar a sus seres queridos pues ella lo ha intentado muchas veces y todo ha sido infructuoso.

Por ley de vida sus padres Fernanda y Eusebio Palencia seguro que ya estarán muertos pero, tal vez, sus hermanos Alfonso, Moises, Helena y Teresa o uno que otro familiar le sobrevivan. Evangelina recuerda muy bien la vida cotidiana de su pueblo; la rutina de los campesinos, de los arrieros, su trabajo en el campo junto a sus padres y hermanos recogiendo tabaco o cultivando maíz y frijoles. En especial no olvida ese entorno natural tan hermoso de los andes colombianos completamente opuesto a estos desiertos estériles donde el sol resquebraja hasta las piedras. Echa de menos la comida criolla; el mute, los tamales, las hormigas culonas o el bocadillo veleño, de la música ni hablar, recuerda “la campesina santandereana”, la guabina o los bambucos, la alegría de las fiestas o la pasión de la semana santa. Porque ella siempre fue una mujer muy creyente; antes como católica y ahora como musulmana.

Evangelina me confesó que  profesa un profundo respeto por el Islam y reza las oraciones cinco veces al día siguiendo los preceptos del profeta Mohamed. Ni siquiera se pierde el salat al fayer de las cuatro y media de la madrugada. Pertenece a una familia muy conservadora en la que la mujer debe aceptar la tutela del patriarcal como está escrito en el Corán. Su protagonismo se limita a las tareas del hogar y la crianza de los hijos y ahora de sus nietos. Evangelina o Ifa ha peregrinado a la Meca en varias ocasiones y aprendió con abnegación junto a su esposo Mohamed Mustafa los rituales del Umra que es darle ocho vueltas a la Kaaba, el tirarle piedras al xaitan o diablo desde el monte Arafat, el beber el agua sagrada de la fuente del Semsem y, quizas, lo más importante, cumplir a rajatabla el mes del ramadán mubarak. Algo que siempre le ha encantado pues su máxima satisfacción es ofrecerles a su familia y sus invitados las mejores recetas de la cocina árabe o colombiana. Por eso cuando la caída del sol señala que está a punto de romperse el ayuno su casa se ve atiborrada de su numerosa prole y amigos que vienen a deleitar el festín que ha preparado donde no falta el mansaf el makluba o un buen tamal santandereano.

En todo caso ella en lo profundo de su alma lleva marcado con fierro candente la idiosincrasia colombiana y el férreo carácter santandereano. Es imposible ir en contra el instintos porque superan el ámbito de lo racional y se ciñen más a lo mágico. Evangelina o Ifa en el umbral de la vejez siente el llamado del terruño, es la llamada de la madre tierra que la reclama. Estamos hablando de un código genético escrito en su sangre del que nadie puede desprenderse. Igual que las aves migratorias y las ballenas ella desea retornar al vientre materno, a su cuna y ser arrullada nuevamente por el canto de los toches o de los turpiales.

Doña Evangelina solloza cuando le pregunto si quiere volver a Carcasí, es algo tan obvio que hasta resulta estúpido planteárselo.- ese sueño lo voy a cumplir antes de que me muera. ¡Inchallah! – contesta meditabunda. Pero esta es una decisión que no depende de ella sino de su esposo y de sus responsabilidades familiares. -Primero hay que reunir la plática para el pasaje en avión que se ha puesto muy caro. Antes de despedirse de mi me enseña una foto muy antigua en la que se ve una pareja de campesinos palestinos vestidos a la vieja ausanza.  -Son los padres de mi esposo Mohamed Mustafa. Nosotros no hemos podido asistir a su entierro y hemos perdido todas las propiedades. Los judíos nos han robado un pedazo de nuestro corazón y esto jamás lo podremos perdonar.

Desde Amman, Jordania, realizamos un llamado de solidaridad a ver si alguien conoce el paradero de sus seres queridos que probablemente residan todavía en Carcasí (Santander) Muchas gracias.

Carlos Briceño García 2013

Amman-Jordania