Columna de Opinión: TIEMPOS DE CAMBIO

Por Álvaro Beltrán Pinzón

abpopinion@hotmail.com

alvalro-beltran-1La llegada del cardenal Bergoglio a la máxima dignidad de la Iglesia Católica ha estado caracterizada por una permanente actitud que busca, con su ejemplo, encauzar a sus prelados a una vida austera. Para ello ha apelado a mensajes dicientes que algunos han calificado como permeados por visos de populismo.

 Ahora ha dado un nuevo paso para erradicar el lujo, la ostentación y la magnificencia que los han alejado de su vocación evangelizadora, al suspender en sus funciones al obispo de Limburg (Alemania) Franz Peter Tebartz-van Elst, por el despilfarro en la remodelación de su palacio diocesano y sus costumbres sibaritas que más lo asemejan a un jeque oriental. Ha primado en las altas jerarquías cierta mentalidad cortesana, alimentada por rituales y comportamientos nobiliarios, que hacen aparecer al Vaticano más principesco que misionero.

La proliferación de sectas confesionales da cuenta de los vacíos espirituales que los paradigmas consumistas han traído, hasta el punto que las gentes están dispuestas a desprenderse de significativas porciones de sus limitados ingresos, con el propósito de encontrar formas y referentes que les ayuden a dar razón a su existencia. Espacios que ha cedido el catolicismo, ensimismado en sus boatos y en la pretensión de saberse único poseedor de la verdad.

Más allá de los gestos de humildad en sus expresiones personales, usar una sencilla sotana blanca a cambio de vistosos ropajes o movilizarse en un Renault 4 o en transporte público -como lo hacía en su natal Buenos Aires- convoca la atención mundial la decisión del papa Francisco de configurar una comisión encargada de explorar rumbos que le permitan a la mayor colectividad religiosa del mundo, además de dar respuesta a las ansiedades espirituales de sus fieles o de encontrar formas de enmienda a errores protuberantes, colocarse al lado de los pobres y, con su labor pastoral, contribuir también a aliviar de manera efectiva las dolencias terrenales. Una disposición que puede significar el necesario y esperado viraje que le permita recuperar la coherencia de su imagen y comportamiento, con el sentido de su misión.