CUANDO LA VIDA SE LE ENTREGA A LA ACADEMIA

Entre los pasillos y las aulas de las Universidades Industrial de Santander, UIS, y Autónoma de Bucaramanga, UNAB, transcurrió buena parte de la vida de German Oliveros Villamizar, un hombre que fue determinante en la evolución académica de estas dos instituciones y a quien todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo, describen como una persona íntegra.

Esposo, padre, compañero, profesor, jefe o colega, sin importar el rol que estuviera desempeñando, Germán Oliveros se caracterizó por su compromiso y entrega, y tal vez sin proponérselo, dejó huella en cada una de las personas con las que cruzó su camino.

Bachiller del Colegio Santander, ingresó a la UIS para formarse como Ingeniero Electricista. Desde joven mostró su interés por las necesidades sociales. “Después de habernos conocido en la universidad, nos volvimos a encontrar en la Cámara Junior de Colombia. Él siempre estuvo muy preocupado por temas como la pobreza y el analfabetismo, y cuando se comprometía lo hacía no solamente por figurar sino por su deseo de ayudar y de colaborar en la solución de diferentes problemas”, afirmó Miguel José Pinilla Gutiérrez, presidente de la Academia de Historia de Santander y ex rector de la UIS.

A la par de sus actividades altruistas, Oliveros Villamizar continuó su formación profesional y se graduó como Magister en Fisiología de la Universidad de Antioquia, título que marcó el rumbo de su carrera como docente de decenas de estudiantes de medicina en la UIS. “Tuve la oportunidad de tenerlo como profesor de fisiología. Para esa época (1983) él era uno de los ‘profes’ más temidos por los estudiantes de medicina, era el profesor “cuchilla”, en especial en Neurofisología. Era muy estricto con el conocimiento, enseñaba muchísimo pero de igual forma exigía. No publicaba la notas, nos hacía entrar uno a uno a su oficina y personalmente nos decía la calificación, y se tomaba el tiempo para hacer las observaciones necesarias”, relató Norma Cecilia Serrano Díaz, directora de Investigaciones, Desarrollo e Innovación del Hospital Internacional de Colombia (HIC).

Además de ser docente se desempeñó como Vicerrector Académico y Rector encargado de la UIS. Tras una fructífera carrera en esta institución, Oliveros llegó a la UNAB en 1996, a la entonces Facultad de Medicina. Allí continuó como docente de Fisiología, pero su inquietud por el conocimiento y la investigación lo hizo liderar el proyecto de la primera revista científica de la universidad, MedUNAB, publicación que hoy sigue vigente.

Posteriormente, con él como director de Investigaciones, Juan Carlos Mantilla Suáerez como decano de Medicina y Gabriel Burgos Mantilla como Rector, se creó la Dirección del Centro de Investigaciones Biomédicas, cargo que ocupó quien fuera su alumna años atrás, Norma Cecilia Serrano Díaz. “El doctor Oliveros fue mi mentor en ese proceso de saber cómo administrar y liderar la investigación sin dejar de ser investigadora. Con él generamos los primeros proyectos de investigación que fueron aprobados por Colciencias para la Facultad de Medicina de la UNAB, estructuramos los primeros Grupos de Investigación”.

En 2001 pasó a la división de Ingeniería y Ciencias Exactas, el inicio de su camino en la que hoy conocemos como Facultad de Ingeniería, donde contribuyó a la creación de los programas de pregrado en Mecatrónica, Energía y Biomédica, así como a la Especialización en Gerencia de Recursos Energéticos.

Para Luis Eduardo Jaimes Reátiga, docente del programa de Ingeniería en Energía, su llegada a la UNAB estuvo marcada por una de esas coincidencias de la vida. Cuando llegó a conocer al que sería su jefe se dio cuenta que era el mismo hombre que en 1994 le había entregado su diploma como Ingeniero Eléctrico. “Por supuesto él no me recordaba, así que le mostré la foto de mi grado en la que me está entregando el diploma, cuando estuvo como rector encargado de la UIS”.

Como jefe Germán Oliveros se caracterizó por ser una persona que procuraba siempre que las cosas se hicieran bien, confiaba en las capacidades de su equipo de trabajo y era flexible pero ordenado. “Él siempre fue profesor, nos enseñaba cómo ser profesores, cómo llegarle a los estudiantes. Una frase que nos decía mucho era “no lo diga así, dígalo mejor así”, añadió Jaimes Reátiga.

El pasado 6 de agosto fue el último comité académico de Ingeniería en Energía que presidió, sin embargo, sus enseñanzas y su legado permanecerán. Hoy sobran las razones para recordarlo y honrar su memoria. Un hombre serio, respetuoso, solidario, inteligente y capaz, padre orgulloso y trabajador incansable, así será recordado Germán Oliveros Villamizar.