Editorial: ¿A QUE JUEGA EL CONGRESO CON RESPECTO A LOS CONDUCTORES EBRIOS?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileRealmente es cínica la postura de muchos de nuestros flamantes Padres de la Patria en torno  a ciertos temas que llaman el interés de la opinión pública colombiana y entre ellos,  en el de las sanciones requeridas  para los conductores ebrios que por todas partes, a todas horas y todos los días viven destruyendo la vida de los pobres inocentes que encuentran a su paso, raya ya en el más oceánico descaro y demuestra, palmariamente, que esos señores no legislan en el interés del bienestar colectivo de la nación.

La sabiduría popular que corre de boca a oído dice que una de las razones por las que tanto Senadores como Representantes tienen esa actitud complaciente en esta materia, es porque  justamente ellos son parte de los personajes que, apelando a su condición de parlamentarios, les gusta andar borrachos en sus carros, a cualquier hora y por cualquier parte, y que esa licencia personal frente al alcohol les hace ser permisivos con todo ese montón de individuos que combinando trago y gasolina, son un verdadero peligro para la vida de cualquier hombre o mujer que deambule por la calle.

Justamente ahora que  los manzanillos congresistas andan en la tarea de hacerse reelegir para un nuevo periodo constitucional, los ciudadanos del común deberíamos tener bien en claro la lista de estos encopetados señores que es sus teóricas obligaciones constitucionales no han sido capaces de buscar la forma de poner coto a tanto crimen de conductores ebrios que, tristemente, se quedan sin el castigo legal merecido. ¿Y entonces la vida de los ciudadanos comunes y corrientes que están corriendo peligro permanente a manos de estos irresponsables del volante, no vale? ¡Por Dios!, qué criterio de legalidad e institucionalidad tan pobre en de estos señores.

Pero además la consideración de los órganos institucionales en cuanto a la necesidad de no judicializar todo porque los condenados ya no caben en las cárceles, es un argumento bien menesteroso que solo habla de la ineficiencia del Estado para cumplir sus funciones como regulador del comportamiento ciudadano. Con ese criterio terminemos con todos los códigos penales y procedimentales y declaremos la ley de la selva para que reine entre nosotros la ley primitiva del más fuerte. Y entonces Estado, legisladores, jueces y administradores penales, ¿para que existen?