Editorial: CARLOS GAVIRIA DIAZ

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)A todo señor todo honor. Carlos Gaviria es de esos hombres del que se puede decir sin temor a equivocarse que fue un señor a carta cabal y que sus conocimientos intelectuales y jurídicos no lo envanecieron, llenándolo de esas soberbias narcisistas que tanto abundan en el mundo político, periodístico y jurídico de esta nación, y que desdibujan a ciertos autoproclamados prohombres que no son ni chicha ni limonada.

De ciertos sectores de la seudo izquierda colombiana siempre me ha apartado esa carencia ética de quienes critican el delito y el serrucho cuando no lo hacen otros, pero que se zaracean en el cuándo se trata de practicarlo en cuerpo presente, como el caso, en el Polo Democrático, de los señores Moreno Diaz y compañía. Pero Gaviria Díaz nunca estuvo ni de lejos cerca de esa ralea de falsos revolucionarios, porque la pulcritud de sus maneras, la verticalidad de sus convicciones y la proyección de su personalidad nunca permitió que ni siquiera ese tipo de bichos raros se le acercaran. Él tenía bien claro aquel precepto según el cual en la vida, la política y la actividad profesional se pueden meter la patas, pero nunca meter las manos. Y si en el Partido Comunista o en el Polo, hubiera por lo menos cien hombres de ésta talante más, otro gallo les canaria. Pero no los tienen porque lo que por allí prima es la mediocridad rampante, como la de cierto diputado santandereano de esa seudo izquierda, que canta de una forma cuando tiene cargos burocráticos en la administración departamental, pero que chilla como las aves de mal agüero cuando esta por fuera de las cuotas oficiales. Tan falsos como los más mañosos políticos tradicionales.

Pero posiblemente donde más se exalta la vida y la obra de Carlos Gaviria Diaz es en el campo de la magistratura, hoy tan tristemente empañada por los traficantes de los códigos, la ética, y los fallos amañados según sea el monto del dinero recibido. Nuestro hoy ido de este mundo ocupó el cargo de Magistrado de la Corte Constitucional entre 1993 y 2001, de la cual fue presidente desde 1996. Carlos Gaviria siempre fue un defensor de la libertad de pensamiento, de la autonomía y de los derechos humanos. Sus sentencias más reconocidas tienen que ver con la dosis personal, la eutanasia y los derechos de los homosexuales. Pero ante todo se destacó por la brillantes y el lustre intelectual que acompaña cada una de las sentencias o respaldo en las votaciones cada uno de los casos puestos a la consideración colectiva de la Corte Constitucional. ¡Veamos ahí ciertamente un hombre brillante y de buenas costumbres! De los que tanta falta le hace a este triste país lleno de mediocres y mequetrefes que se esfuerzan por parecer lo que no son y nunca podrán ser.

Al ofrecer mi humilde reconocimiento a este buen señor que hoy abandona este plano de existencia, quedo una vez más convencido de la premisa aquella de que el hábito no hace al monje. No importa de qué color político se quiera vestir uno, o de que religión se quiera hacer reconocer, o cuánta plata tenga o deje de tener… Cuando se es señor y se tiene altura moral, se brilla con luz propia. Lo demás es fatuidad y pretensiones estúpidas que no pueden oscurecer el dictamen de la historia y la avaluación honesta de sus congéneres, que casi siempre es inexorable.