Editorial: CONCEJALES, DIPUTADOS Y PARLAMENTARIOS, ¿LE SIRVEN A LA SOCIEDAD?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra1A propósito de la cumbre de concejales de Santander a reunirse esta semana en la ciudad de Bucaramanga,  bien valdría la pena hacer un repaso de para que nos sirven los supuestos “representantes del pueblo” en las diferentes esferas de la representación gubernamental, ya sea a nivel municipal, departamental y nacional, porque la verdad, en ultimas, pareciera que esa supuesta dignidad democrática solo es buena para acrecentar la vanidad personal de quienes las ostentan y, por supuesto, buscar cada día más y más privilegios para quienes exhiben el prepotente titulo de concejales, diputados y parlamentarios…

Empezando porque en la selección de los candidatos dentro de los diferentes partidos legalizados en este país el pueblo no participa para nada porque, para todos es conocido, esos partidos son unas roscas de caciques electorales en la que su militancia no tiene una participación real en la toma de las decisiones colectivas, siendo los reglamentos y estatutos de las diferentes colectividades partidistas el rey de burlas de las normas constitucionales que se quedan allí, precisamente, en el papel, pero que no cumplen ninguna función cierta en la determinación de los partidos.

Pero, ¿sabe ustedes cuantos miles de millones vale en este país, sobre todo en las ciudades capitales, llegar al Concejo Municipal, a la Asamblea del Departamento y al Parlamento Colombiano?  La cifras no caben en la mente de cualquier pobretón con ínfulas de reformador del mundo, pero igualmente todos sabemos que los tradicionales dueños de esas dignidades no invierten semejantes cantidades de dinero, que sobrepasan pero en muchos ceros lo que se van a ganar por dietas parlamentarias o en reconocimientos económicos  por ir a la Duma o al Concejo o al parlamento, solo por altruismo y desprendimiento personal. ¡Ni bobos que fueran! Y de bobos es de lo que tienen ni poco esos señores…

Más que para debatir cosas de interés general, lo que hacen en estas clásicas cumbres de concejales es pedir más y más prerrogativas personales para estos insaciables devoradores de los presupuestos locales, prerrogativas que, por supuesto, se pagan de los bolsillos de los contribuyentes que, como borregos, tienen que contribuir  con todos los impuestos que estos desalmados concejales en alianza extrema con las administraciones municipales crean con cualquier excusa todos los meses.

Aunque por supuesto, cumbres como estas, precisamente a portas de una elección parlamentaria, no deja de ser una buena oportunidad para decirles a Senadores y Representantes que si quieren los voticos de sus feudos, tienen que dejas ver “la mermelada”, porque entre bomberos todos saben que la cosa electoral es con plática. Claro que si la cosa se presenta  como un acto de desprendimientos de unos concejales preocupados por la suerte de sus municipios, la patraña resulta mejor montada, y así, luego de los actos públicos y las ruedas de prensa donde siempre dicen lo mismo, las comidas a puerta cerrada sirven para “aceitar la maquinaria”,  y amarrar los votos con sus respectivos parlamentarios.

¡¿Y el pueblo?! ¿Cuál pueblo del carajo?, de respondió un día indignado un respetabilísimo dirigente político que posa de exponente purísimo de la social democracia. Ese pueblo – me dijo tan pulquérrimo exponente de los nuevos valores liberales –  que se joda, porque ese es su destino desde siempre. Por supuesto no tengo amigos concejales que me hablen, con grabadora apagada y en confidencia, tan sinceramente. Pero tengan la seguridad de que sus convicciones profundas no son muy diferentes a  ese señor que de vez en cuanto es capaz de dejarme oír lo que guardan sus oscuros sentimientos.  Pero esa es la democracia señores. Sobre todo la nuestra, la del Sagrado Corazón de Jesús. Así que, ¡que carajos!, iremos a la cumbre de concejales de Santander a gritar, a voz en cuello, ¡que viva la democracia!.