Editorial: ¿CONCEJALES PISTOLEROS?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1aa wilfredoEl reciente y lamentable incidente de un concejal que se grabo así mismo ebrio y en compañía de gente armada hace patente una vez más esa triste necesidad de importancia ficticia que algunos personajes de la vida pública y privada requieren para, supuestamente, sentir que la vida vale la pena. Es la expresión de uno de los ingredientes que más daño le ha hecho a todos los seres humanos desde que este planeta existe: el ego. Aquel gusanito perverso que hace suponer que no solo hay que tener poder, dinero, armas y mujeres para teóricamente ser feliz, sino que además hay que hacer ostentación agresiva de ello, como para que el peso de la supuesta importancia se sienta aún más.

Pero el incidente sirve para volver a poner sobre el tapete la dicotomía de los funcionarios públicos de nombramiento o elección popular, que estando dispuestos teóricamente para servir a su partido, su comunidad y su patria, lo que realmente hacen es servirse de esos cargos para alimentar un desequilibrio emocional realmente peligroso, incisivo, despreciable y criticable desde todo punto de vista, que ha sido el caldo de cultivo de un gran porcentaje del desmadre de la institucionalidad publica, haciendo que así como estos mequetrefes con ínfulas de emperadores quieran atropellar al que sea, también se sientan en la libertad de meterse en los bolsillos los dineros del tesoro oficial, la plata de los contribuyente, sin que tengan el más mínimo reato ni pudor.

Cuanto ha pesado en el subconsciente colectivo de esta nación la imagen negativamente prototípica de un Pablo Escobar, que henchido por la plata del tráfico de drogas y las armas típicas de las grandes mafias, creía que podía hacer con los demás, con la sociedad y el estado lo que le daba la regalada gana, y vendía la idea de que “esto si es vida”, en un ética malévola que desgraciadamente tiene más seguidores abiertos y encubiertos en esta país de los que fuera de desear. Resulta un verdadera lástima no poder tener el don de leer los verdaderos pensamientos de quienes, subidos en una tribuna, detrás de un micrófono o en reunión con seguidores incautos, echan cuentos rosados sobre lo que van a hacer una vez elegidos en el futuro.

A lo mejor si tuviéramos esas virtudes de extraordinaria lectura de la mente de los otros nos asustaríamos de sus más negros pensamientos, y ante esas oscuras cavilaciones la acción de este concejal inmaduro que en un alarde de infantilismo majadero le dio por hacerse gravar como el gran poderoso porque tenía a dos pendejos detrás de él con un revólver y una escopeta, resultaría un verdadero aprendiz de ególatra. Y sea esta la oportunidad para decir que muchas veces he tenido verdadero escozor al observar la forma arrogante y altanera como algunas integrantes del concejo municipal de Bucaramanga, se pavonean con ínfulas de emperadoras por el recinto de su trabajo. Las he visto mirar a muchos miembros de las barras o gentecitas ingenuas que intentan hablar con ellas como a verdaderas plastas de mierda, y uno se pregunta seriamente, de dónde sacan estas señoras los supuestos títulos aristocráticos, o los insondables pergaminos de sangre azul como para intentar humillar así a quienes, estúpidamente les dieron el voto para llegar a un piche concejo municipal, que ellas creen el último gran logro en el universo entero.

Pero el ego, señores, da para todo…  Y repito, teóricamente se hacen elegir para servir a la comunidad, pero es retórica barata. Varios concejales, diputados, alcaldes y funcionarios de las administraciones municipales se creen la Mama de Dios, y con el poder en la mano lo único que hacen es golpear aún más al cada vez más reducido número de los ciudadanos que todavía votan y creen que por ahí es el camino para encontrar la solución a sus problemas sociales. Que no son todos, por fortuna, lo aclaro, porque también hay funcionarios y políticos sinceros que, aunque contados con los dedos de las manos, tratan de ser unos verdaderos servidores públicos. Pero son los menos, tristemente…