Editorial: CONSTRUYENDO CASAS PARA LA DESGRACIA…

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

wilfredo sierra mLa tragedia de Salgar es fruto de factores estructurales precisos presentes históricamente en este país controvertido, y entre ellas el desarrollo de conglomerados habitacionales en una región llena de montañas y desfiladero como es el caso de la configuración geográfica de Antioquia –pero también de Santander- en donde, más la necesidad que la planificación, ha ido permitiendo la germinación de caseríos, veredas y municipios en donde las gentes se agolpan y multiplican de manera irresponsable.

Pero además, mal de males, con la complicidad de concejales, diputados y políticos municipales de todo género, para granjearse uno o dos votos, se les permite a algunas familias construir en las mismas orillas de ríos y quebradas casas de bareque, tabla o periódico a las que posteriormente se les va dando forma en cemento, generando caldo de cultivo de futuras calamidades de las que nos lamentamos cuando estas están fresquecitas, pero de las que después, nadie nos acordaremos.

Posiblemente si algo define en el mundo el subdesarrollo es esta improvisación e irresponsabilidad oceánica de todos los estamentos de una sociedad para no buscar, en conjunto, formas de vida y convivencia que sean más o menos seguras. Pero en este país hablar de eso es como ladrarle a la luna. Generalmente los Alcaldes y Secretarios de Planeación Municipal de poblaciones grandes y pequeñas, son el producto de la suma de pequeños intereses de concejalitos locales que a lo largo de la vida municipal han construido su poder electoral con el tráfico de pequeños mandados como un bulto de cemento, la recomendación para un cupo de escuela o conseguir el consentimiento de las autoridades de la región para permitir la invasión de pequeños lotes de terreno a orillas de charcos, lagos o ríos donde ni el más torpe arquitecto o ingeniero autorizaría construir.

Luego frente a esos hechos sociológicos y estructurales de nuestra folclórica sociedad ¿qué se puede hacer? Con un más duro agravante y es el que la dimensión de la pobreza, o mejor sería decir de la miseria de amplios núcleos de los sectores populares de nuestra sociedad es mucho más dramática de lo que los medios de comunicación nos permitimos registrar, y que en ese contexto, la conquista de un mendrugo de lo que sea, pan, abrigo o un posible techo, así sea al borde de las más fatales precipicios, vale. Pero lo más triste, los politiqueros trafican con esto, y hace que la dimensión de la compra descarada o encubierta de un respaldo electoral resulta más barato en estos de lo que resultaría en otros estratos, y por eso este tipo de núcleos de miseria tan propicias a producir grandes tragedias se multiplican exponencialmente a lo largo del territorio nacional.

Ciertamente no podemos cambiar la composición geográfica del suelo en el que nos correspondió en suerte nacer, y a estas alturas de la vida de tanto ver desgracias a lo largo de los años, tampoco la composición emocional, ética y de responsabilidad de muchos de nuestros núcleos ciudadanos creo que la podamos transformar muy fácilmente, a pesar de toda la retórica que los predicadores interesados de transformaciones personales y supuestos cambios espirituales quieran vendernos, a veces no tan gratuitamente como a primera vista no lo quieran hacer ver.

Por lo demás el desplazamiento de los gobernantes, de tiempo en tiempo, por los lugares donde el dolor se asienta, llevando mendrugos para tratar de calmar de alguna forma la desesperación de los sobrevivientes, pareciera hacer parte del librero de “una forma de ser de la vida”, en donde a unos les tocaría en teoría sufrir, no se sabepor qué desafortunada designio, y a otros la posibilidad de dar al necesitado, pero no desde el más sano criterio humanitario, sino en el arrogante de los dueños y señores, los predestinados por sabrá también quien, para ser gobernantes y poderosos, ricos y mandones, destinados a vivir en los más seguros lugares de la tierra, allá donde las tragedias nunca llegan. Y termino estas líneas como ya lo he hecho en muchas otras ocasiones: dentro de algunas semanas nadie nos acordaremos de Salgar y de sus sufridos habitantes. Vendrán otras tragedias y entonces renovaremos nuestro discurso hipócrita de buenos Samaritanos, con el que quedamos tan bien ante todos los demás, aunque la verdad de nada sirve para que algo cambie entre nosotros.