Editorial: CUANTO AÑORAMOS CONCEJALES REALMENTE CERCANOS AL PUEBLO

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

wilfredo-sierra1La realización de la reunión de concejales convocada por Fenacon ha servido para que algunos analistas independientes se pongan a reflexionar sobre las fallas de una institución que, diseñada como un puente de acercamiento de los sectores populares a las administraciones municipales de todo el país, desafortunadamente termino convertida en un refugio de “pequeños dioses” que se creen de mejor familia y clase social que los electores que los llevaron a esos cargos, de quienes realmente no son sus representantes y voceros, porque una vez con la credencial en la mano, sus interés cambian de dirección.

El problema de las democracias de todo el mundo es que ni mandatarios ni legisladores elegidos por el voto popular al final terminan practicando lo que con tanto ahincó prometieron en sus respectivas campañas electorales, y en el caso de los concejales, todos sabemos que estos terminan amarrados a los  alcaldes que, mediantes prebendas, puestos y contratos, determina el curso de la acción del Concejo Municipal, sin que haya posibilidad de una sana aireación de los interés de los sectores populares frente a la querencia de la maquinaria burocrática.

A lo último, quienes terminan disparando a diestra y siniestra contra los alcaldes son quienes se quedaron por fuera de la coalición y de la repartija burocrática, y ahí tampoco hay una postura sana, como quiera que vale más el resentimiento y la inquina que una visión realimente objetiva de que convendría más, en un análisis objetivo y maduro, a los interese de un municipio dado. Desafortunadamente, entre nosotros desde hace muchos rato, la política se convirtió en un problema de egos y de intereses personales,  que priman sobre cualquier otra consideración, y muchas veces el discurso para la opinión pública no es más que una máscara hipócrita de los que verdaderamente quiere en su interior el dueño de la credencial.

Por supuesto, esto no hace sino reflejar la incoherencia doctrinal e ideológica de los partidos políticos que sustentan la aspiración de todos y cada uno de estos concejales, partidos que tristemente, en últimas terminan siendo  un mecanismo espurio  para simplemente repartir avales. Y en donde la democracia verdadera, no está por ninguna parte. Claro, lo dicho para los concejales es válido para los diputados y los senadores y representantes, y pareciera que por más que se cansen los sectores críticos de la estructura política de reclamar correcciones a esta democracia truculenta colombiana, esos cambios no van a llegar.

Desde luego en los eventos públicos, esos para vender una solidaridad de cuerpo bien cuestionable al auditorio, el discurso es muy democrático. Solo que como dice la romántica canción de la mujer engañada, se queda en “palabras, palabras, palabras…”  Desafortunada y tristemente.