Editorial: DESPLAZADOS Y AMBULANTES…

Por Wilfredo Sierra Moreno.         

wilfredo sierra mUn importante aporte a nuestro conocimiento teórico de lo que pasa en nuestro entorno local nos dejó la exposición que académicos de la UIS hiciera la semana pasada en reunión en la Cámara de Comercio de Bucaramanga sobre la llegada permanente de desplazados de diferentes zonas de nuestro entorno a la ciudad y su área metropolitana, que ciertamente no era un fenómeno a tener en cuenta hace 30 o 40 años en la vida de nuestra región, y del que desafortunadamente no acusan recibo ni los planes de desarrollo de las diferentes alcaldías del área metropolitana ni los políticos que hacia el futuro aspiraran a regir los destinos de éstas, nuestras ciudades.

Resulta muy triste para unas pobres gentes que han tenido que salir de sus casas y tierras por fuerza de la acción de grupos ilegales de todos los pelambres, llegar  a nuestra ciudad a tratar de ganarse el pan de cada día en las ventas ambulantes – porque la verdad no les queda ningún otro recurso de subsistencia – y aquí los recibamos a garrote, empellones y patadas, como si trata de la peor ralea de seres humanos, y no precisamente de nuestros hermanos de género que, no por voluntad propia, tiene que sufrir una situación de calamidad extrema.

Yo durante muchos años he sostenido que buena partes de nuestras elites de estrato 6 y 5 quisieran vivir en una urbe con las condiciones de las mejores ciudades europeas o norteamericanas, pero desafortunadamente, gústenos o no, nosotros no contamos con los estándares de vida de esos extraordinarios entornos, y tenemos fenómenos de violencia, corrupción y engaño institucional que hace que muchas de las cosas que parecen naturales en otros contextos, no se puedan dar aquí. ¿Qué culpa tiene esos pobres seres que unos criminales inescrupulosos hayan matado a muchos de los familiares de esos desplazados y les hayan quitado sus tierras y su tranquilidad, viniendo a buscar en nuestra ciudad una situación de más o menos seguridad?  Eso a nosotros no nos importa, podrá decir cualquier burguesito insensible de nuestros predios, pero la verdad es que ese tipo de posturas no son aceptables en el contexto de una supuesta sociedad moderna, humanitaria y solidaria, en donde la desgracia del otro debería ser, por lo menos teóricamente, mi desgracia.

Ahora bien, este tipo de eventos podría servir para que los flamantes aspirantes a ser nuestros próximos alcaldes en el área metropolitana de Bucaramanga tuvieran unos elementos más estructurados para plantear propuestas y soluciones a sus potenciales electores, y dejaran de utilizar la estrategia primaria y estúpida de simplemente mostrar un trapo rojo, azul, verde o amarillo, como si nosotros no fuéramos más que animales brutalmente instintivos, que solo respondemos “al engaño”, como los taurinos llaman al capote del torero. Nuestras  ciudades tiene nuevos y muy preocupantes problemas estructurales, y algo más que ventilar las vanidades medievales de las 4 o 5 familias que se creen dueñas del poder de nuestros sufridos municipios, está de por medio en la discusión política.

El problema de los vendedores ambulantes, por ejemplo, a más del desplazamiento forzado, está ligado a la disminución del empleo formal en nuestra región, fenómeno que no solo está incrustado en factores locales –que desde luego existen- sino de la economía internacional y de la demanda de los principales producto nacionales en el mercado universal, y un buen estadista, un hombre estructurado y capaz, debería tener el suficiente bagaje intelectual para que todo este tipo de cosas este en su cabeza y en sus planteamientos, a la hora de esbozar alternativa a nuestras gentes. Lo demás es seguir en el feudalismo político del medioevo en donde no solo unas cuantas familias eran las dueñas y señoras del destino de sus villorrios, sino que además, como por predestinación de casta, transferían ese poder a sus hijos, nietos y bisnietos. Mientras los pobres plebeyos eran tratados a pata, puño y látigo, como son tratados ahora, en este disque muy desarrollado siglo XXI, los pobres vendedores ambulantes…