Editorial: EL “CHICHARON” DEL CARRASCO.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra1El Ministro de Vivienda se le vino con toda la artillería pesada a los alcaldes del área metropolitana de Bucaramanga cuando les anuncio sanciones disciplinarias por lo que el ministro Luis Felipe Henao llama “negligencia” de los funcionarios encardados de dar solución a éste ya viejo dilema, poniendo aun más cuota de estrés a la discusión sobre la materia. La verdad es que, siendo objetivos, más que negligencia ha sido la imposibilidad de encontrar un sitio para la disposición final de residuos que sea aceptado por todos, sin los reclamos airados, tal vez con un poco de razón, de uno u otro municipio donde se ha querido encontrar un terreno para tal efecto.

La historia de las pataletas comunales y sociales comenzó en Girón, cuando cerca de la Cárcel de máxima seguridad se creyó tener un sitio idóneo, pero con declaración judicial de por medio se cancelo el tema allí. Luego vinieron Piedecuesta, Lebrija, y posteriormente Cúcuta, el sur del El Cesar y por último Barrancabermeja, que dijeron por medio de expresiones populares y por intermedio de sus alcaldes y funcionarios, que ni por el carajo le jalaban a recibir las basuras de Bucaramanga. Y es que éste es “un muerto muy feo y de malos olores” con el que nadie quiere cargar.

Ahora bien, con procesos disciplinarios y todo lo que se quiera, el problema concreto radica en conseguir que región, municipio y comunidad  acepte de buen agrado el desplazamiento de los miles de toneladas diarias de basuras que, la verdad, no son precisamente una presencia romántica para nadie. Y si uno no fuera serio, podría invocar de buen agrado a nuestro juglar Rafael Escalona para que nos hablara, ya no de una casa en el aire sino de un botadero en las nubes.  Pero ni en serio ni mamando gallo, la solución se ve venir fácilmente y a nosotros si nos gustaría que los funcionarios nacionales, más que venir a impartir amenazas – en lo que se han  vuelto diestros últimamente- trajeran soluciones concretas al problema.

¿No tiene el gobierno nacional más recursos económicos, legales, de presión, para ayudar a estos municipios a salir de este verraco atolladero, recursos que podrían usar en nuestro favor, en lugar de venir con intimidaciones que pueden ser procedimentales jurídicamente, pero que en nada producen una respuesta cierta a esta coyuntura?  Claro,  lo que en el fondo  sucede es que tampoco los emperadores de la capital de la república la ven fácil,  ni tiene una as bajo lo manga para resolver el problemita. Menos mal que los alcalde del área metropolitana de Bucaramanga son gentes serias, aplomadas y ecuánimes, y no les va a dar por invocar al Papa Francisco – tan de moda últimamente -,  ni al Niño Jesús de Praga, ni a las Hermanitas del Santo Prepucio, para resolver un dilema que no está en la dimensión de los milagros majaderos. ¡Por fortuna! Porque si eso sucediera,  la verdad que sería mejor irnos a vivir, con basura y todo,  al mismísimo infierno.