Editorial: ¿EL CONTRABANDO NO ES UN DELITO?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1a wilfredo sierra bbVivir las controversias diarias de esta sociedad es ciertamente un ejercicio permanente de desconcierto y sorpresa, y uno no sale de su asombro cuando todo un sector de opinión da por sentado que ciertos comportamientos son normales y deben permanecer así por siempre. Es lo que paso ahora nuevamente cuando frente a la acción del gobierno para tratar de cortar una de las grandes venas rotas de la economía nacional, los que durante muchos años han vivido de esta práctica a todas luces ilegal, el contrabando, salen a decir que eso no puede ser, que la costumbre hace ley y por lo tanto no se puede legislar contra el viajecito a Cúcuta para traer mercancía que le a sus practicantes unas buenas ganancias.

Claro, con mis 62 años de existencia, desde que yo tengo uso de razón siempre escuche que el gran negocio en Bucaramanga era el contrabando, y no fueron pocos los supuestos amigos que me insinuaron que si quería ser alguien en la vida metiera unos pesitos para los primeros viajes a la frontera, y que con el correr de los meses esas moneditas se multiplicarían como mágicamente. Eran los tiempos en que el primer Sanandresito echaba sus raíces en el parque Centenario, y sus propulsores recibían las grandes simpatías de los políticos de la región, porque los contrabandistas no solo ponían votos sino también plata. De allí en adelante la alianza entre los dos sectores ha sido indisoluble, a tal punto de que hoy en la práctica –y así lo quieran disimular mal- los comerciantes de esos centros comerciales dedicados al contrabando, que ya son varios, tienen concejal y diputado propios. Y claro uno que otro parlamentario que no deja de “morder” en los votos y algunos respaldos financieros que son tan queridos a la hora de las campañas electorales.

Que los señores dedicados a este tan tradicional oficio en Bucaramanga y el país se sientan traicionados por el estado que han ayudado a mantener en su clase política durante tanto tiempo, es apenas natural, pero eso solo prueba el viejo aserto según el cual con los manzanillos electorales las alianzas no siempre son largas ni estables, y más temprano que tarde hay que esperar la puñada traidora. Ahora bien que el contrabando mina de manera fundamental en desarrollo económico normal del país es más que cierto, cosa que uno ve inalterablemente claro cuando le escucha decir al El director de la Dirección de Impuestos y Aduanas (Dian), Juan Ricardo Ortega, que el contrabando le cuesta a Colombia 6.000 millones de dólares, cifra que representa cerca del 10% de las importaciones legales que se realizan en el país, que en el 2012 fueron de unos 58.000 millones de dólares.

Pero nunca se podrá olvidar que el gran nivel de la actividad económica en esta como en otras actividades ilegales se da porque, primero, no hay condiciones realmente transparentes que permitan el crecimiento económico en actividades normales y, en segundo lugar, porque los índices efectivos del desempleo nacional hace que las gentes opten por el rebusque, así no sea en negocios no muy sanos, para tratar de resolver sus problemas financieros. Es lo que los engreídos economistas llaman fallas estructurales de la actividad económica, productiva y financiera del sistema nacional, y que permite aquí, como en cualquier otra parte del mundo, el desarrollo de las actividades marginales o ilegales.

Nadie, con dos dedos frente bien despejada, puede pedirle al estado que deje de luchar contra uno de las más fuertes actividades que minan la actividad económica del país, aunque por otro lado no se deja de sentir un amargo sabor en la boca cuando se presiente, casi con seguridad absoluta, que muy buena parte del dinero recuperado en la lucha contra el contrabando, se ira a perder en los negociados de los estirados bandidos de cuello blanco, que son unos tigres en guardarse miles de millones de pesos del presupuesto nacional en la acción efectiva de una de las más efectivas corrupciones del mundo. Pero aunque esta pueda ser un sino trágico y terrible de esta nación, no se demandar de una persona sensata que se diga que el contrabando es una actividad legal y permitida, porque eso no es cierto. Sería tanto como argumentar que porque el gran negocio del tráfico de drogas – con su incluido microtráfico – le da de comer a munchas gentes en esta nación o en el mundo, habría que justificarlo. No señores, por ahí no es la cosa…