Editorial: EL DRAMA DE LA SALUD.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra morenoNo dejan de multiplicarse, todos los días, las tragedias y las dificultades en el sector de la salud, un área en el que a pesar de las buenas intenciones y declaraciones tomadas por el gobierno, las cosas no mejoran o lo hacen a un paso tan lento que realmente es imperceptible. Ahora frente al cierre de alguna de las prestadoras de servicio que realmente no cumplen con los requisitos mínimos para habilitar un cumplimiento adecuado a las normas vigentes para su funcionamiento, ha surgido las angustias de los trabajadores de esa empresa que se verán abocados, de la noche a la mañana, al despido.

Lo ideal fuera que todas estas cosas no pasaran y que pudiéramos vivir en un mundo rosa donde todo fluyera como en un cuento de encanta, pero desafortunadamente vivir con ese deseo no es más que un infantilismo emocional que no tiene correspondencia con los hechos como son. Pedir al gobierno que eche para atrás la medida sencillamente porque un buen numero de ciudadanos se van ha quedar sin empleo es un argumento que puede ser comprendido desde el punto de la angustia de los afectados, pero que no tiene ningun sentido para un criterio sano de gobierno, administración y justicia.

Ese tipo de dicotomía un poco absurda se expresa igualmente, por ejemplo, en la ambición de los transportadores informales, las clásicamente llamados piratas, cuando con el argumento que por es vía se ganan el pan de ellos y el de su familia, la ley debe hacerse los de la vista gorda, porque sí. En esa dirección los micro traficantes de drogas alucinógenas también podrían terminar pidiendo que los dejaran trabajar, porque como esa acción ilegal la hacen gente de escasos recursos económicos, resulta una forma de ganarse la vida. El argumento, que muestra todo lo absurdo en este caso, no siempre es evidente cuando los piratas piden el derecho al trabajo o ahora cuando los damnificados Solsalud le piden al gobierno que reverse la medida simplemente porque un buen numero de ciudadanos se van ha quedar sin puntos de trabajo.

Si ese argumento fuera finalmente aceptado, habría que terminar con toda la estructura jurídica y administrativa del estado, y los largos años de vida política y juridica tratando de medio poner las cosas en orden habría que echarlo al sesto de la basura. Es cierto que, ni de lejos, las cosas son como fueran de deseas en este país, pero de ahí ha hacer tabla rasa con todo el marco normativo del  estado hay un paso abismal que no se puede cubrir tan alegremente. Claro, los futuros despedidos tienen todo su derecho de mostrar su angustia por lo que les viene pierna arriba, pero en buena lógica, no puede ser lo que ellos piden. Lo que no quiera decir que el gobierno salga bien parado en un área donde lleva años prometiendo que las cosas van ha mejorar, pero nada. Lo que en ultimas se traduce en que con sello perdemos pero con cara también.