Editorial: EL EMBARAZO JUVENIL

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra morenoEl debate propiciado en el concejo municipal sobre el problema del embarazo juvenil toca uno de esos  problemas graves que tienen muchas causas y, entre ellas, el de la hipocresía de una sociedad mojigata que en lugar de querer habla de frente con sus hijos sobre el sexo y los problemas que él acarrea, se refugian en conceptos religiosos traídos de los cabellos, reduciéndolo todo a un concepto pecado que más que un problema moral es el fruto de la ignorancia en que nos han querido mantener los fanáticos que, en el nombre de Dios,  no propician soluciones a los males sociales sino miedos estúpidos, gracias a los cuales ellos someten y ganan mucha plata.

Por supuesto hay un descuadernamiento ético del criterio de familia, y como muchas veces lo hemos dicho aquí, los padres no pueden hablar muy fuerte de buen comportamiento sexual, cuando ellos mismas resultan unos seres con muchos problemas de convivencia, entre ellos separaciones consecutivas. Cuando un muchacho o una muchacha ve que su padre o madre separada cambia  cada 6 meses de pareja y además resulta un habito el llevarlos a dormir con toda frescura a sus casas, realmente ese progenitor o progenitora no tiene ninguna autoridad moral para hablarles a sus muchachos de responsabilidad sexual.

Y claro, mucho de las deficiencia de formación está en el decaimiento de la calidad de los profesores actuales de escuelas y colegios, algunos unos verdaderos ignorantes en materia de comportamiento realmente ejemplar, y dedicados enfermizamente a ser propiciadores de huelgas de todo y por todo, mientras los muchachos logran más y más días libres sin el control de ninguna autoridad. Claro, sin obviar que en ciertos  casos algunos institutores –que no todos afortunadamente- son muy ligeros en materia de formación ética y algunas veces han tratado de abusar miserablemente de sus educandos.

Aquí las causas son múltiples y ciertamente no se arreglan con debates de un día para tratar de impresionar a la opinión publica, porque la descomposición de la estructura tradicional de la familia va de la mano de la descomposición de los valores generales de la sociedad, entre ellos los de la clase política que tienen un discurso para la opinión publica pero un comportamiento que no se compadece con ese discurso. Y es que a todos los niveles lo bueno, la realmente la mejor predica,  es el ejemplo.