Editorial: ¿EL ESTADO CONTRA EL ESTADO?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra morenoCiertamente preocupante, por decir lo menos, el triste espectáculo que están dando a los ojos de la opinión publica regional la pelea entre organismos del control ambiental y de manejo de residuos solidos, cuando con empecinamiento digno de mejor causa,  se agreden unos a otros, cada vez con mayor frecuencia e inquina, y sin que hacia el inmediato futuro se vea que la peleíta pueda disminuir.

Quien tiene o no la razón es un problema que resulta difícil de asumir cuando de lado y lado hay argumentaciones recursivas y hasta ingeniosas, pero de lo que se trata aquí es de que los funcionarios que propician el espectáculo deberían entender que, por encima de sus vanidades personales, ellos encarnan la legalidad oficial, el estado, y que por elemental consideración funcional, están llamados a tener sindéresis en el ejercicio de su accionar.

Los enemigos de la institucionalidad y la legalidad en casos como estos deben estar que se frotan las manos, porque cuando el estado, por intermedio de sus funcionarios, se enfrenta al estado, lo que queda al descubierto es un desgobierno en donde la delincuencia y los inconsecuentes pueden hacer de las suyas a su antojo. No es ese, por supuesto, el ambiente que quiere propiciar el ordenamiento legal cuando da a los nombrados, electoral o por designación, la potestad de encarnar la dignidad del gobierno y el encargo de responder a las necesidades de los ciudadanos de una comunidad dada.  Para nada la garrotera y el berrinche entre los miembros del mismo establecimiento adorna el ejercicio del gobierno y resulta realmente triste que, mediante los mecanismos internos y establecidos para ventilar diferencias – que son naturales en toda sociedad-  no se superen contradicciones  de opinión, si es que estos son solamente funcionales y no responden a preocupantes intereses ajenos al bienestar común.

Y lo peor de todo, quienes pierden en la clásica pelea de los burros es el arriero, esto es el ciudadano común y corriente que ve que la platica que pagan en impuesto se pierde en ineficiencia, demandas y contrademandas, cancelación de honorarios y abogados o recolección de multas multimillonarias que nadie sabe, al final, que destino tienen en manos de quienes cobran, con soberbia de inquisidor, tan grandes cantidades de dinero. Señores, por favor, ¡no jodan más con sus peleas del carajo! y mejor dedíquense a mirar como, de común acuerdo, se preocupan en cumplir lo que la Constitución y la Ley les tiene asignado como mandato: velar por el destino de los ciudadanos de su comunidad.