Editorial: EL FÚTBOL CORROMPIDO…

wilfredo sierra mPor Wilfredo Sierra Moreno.

Puesto al descubierto el escándalo de corrupción de la FIFA, no mucho trasparente queda detrás de unas organizaciones hechas por dirigentes deportivos podridos que han hecho de la gran pasión del mundo, el fútbol, uno de los factores de enriquecimientos y tráfico de poder, esas drogas alucinantes que tanto trastornan a los seres humanos en muchas de las esferas de la actividad del planeta y que demuestra, en muchas facetas, que de lógico, racional y equilibrado no tiene mucho en el fondo el cerebro y las emociones de los mortales en los que, como decían las abuelas, no todo lo que brilla es oro.

El súper estado en que se convirtió el gran organismo mundial del magnífico deporte de las masas de este planeta se estructuro, no solo gracias al billete, sino igualmente al respaldo de los medios de comunicación del orbe que se convirtieron en alcahuetas de las grandes mafias que llegaron al extremo de amedrantar a todos los estados del planeta con la muletilla de que si no se convertían en pusilánimes y obcecados obedientes de sus reglas, sacarían a los equipos de sus naciones de los grandes campeonatos mundiales de ese deporte.

Habrá que ver hasta dónde llega la acción del FBI y de la fiscal de Nueva York en su acción, pero mientras tanto hay que aprovechar la oportunidad para decir que por los entornos provinciales también se han cocido muchas habas tristes con la más descarada impunidad, sin que ninguna estamento legal se considera con la obligación de hacer preguntas pertinentes al respecto. Hace algunos meses –ya un par de años- se paseó por aquí un señor supuestamente con mucha plata que hizo lo que le dio la gana con nuestro equipo y la afición santandereana, y los supuestos exponentes de la verraquera santandereana, privados y oficiales, no dijeron esta boca es mía.

Todas las semanas cuando hay partidos locales, nuestros escenarios se llenan de un sector de la tribuna que consume cantidades desbordantes de drogas alucinógenas, gracias a la cual pueden gritar y cantar sin interrupción durante todo el partido y salir a hacer desafueros después de él, pero las autoridades teóricamente encargadas de ejercer el control contra este consumo son como el personaje de la canción de Shakira, ciegos, sordos y mudos, mientras nuestros muchachos se destruyen con el rio de droga que corre en esos escenarios y en esas ocasiones. ¿Qué pasa ahí? ¿No puede haber un control por lo menos preventivo para no propiciar que esos jóvenes, casi niños que pueden ser nuestros hijos o nietos, terminen en acciones desafortunadas que muchas veces les ocasiona la perdida de la vida?

Pero cuando se trata del fútbol, ya sea a nivel provincial o internacional, pareciera que nadie tiene el poder para poner un tatequieto a los desafueros, y la pasión y el amor por nuestros jugadores es aprovechados por los directivos de ese deporte para dejar correr por sobre la corriente emocional de la pasión por él acciones no licitas. Habrá que ver hasta dónde llega la faena del gobierno y la justicia norteamericana en esta ocasión, pero lo que si es cierto es que lo que deja al descubierto estos primeros días de escándalo mundial en torno a la FIFA y sus barones da asco. Lástima. Porque cuando entregamos a nuestros hijos a la actividad futbolística creemos hacer lo mejor para ellos en su vida, sin darnos cuenta que quienes manejan sus carreras  y sus intereses son unos verdaderos sinvergüenzas.