Editorial: EL GRAN DILEMA DEL TRÁNSITO URBANO.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

descarga-13Los bandazos de la Dirección de Transito de Floridablanca en torno a la velocidad en la Autopista que conecta a Bucaramanga con esa ciudad, -que si 60 que si 80 kilómetros por hora- hacen parte del desconcierto de todos las autoridades del mundo con las ciudades en crecimiento, donde la multiplicación exponencial de la población y el incremento de los carros particulares que llenando las vías de esas urbes, hacen prácticamente imposible encontrar una movilidad ideal, sin los trancones que son características de las grandes capitales..

Alabamos los esfuerzos de las autoridades locales en cuanto a encontrar alivios transitorios a nuestra congestión vial con proyectos como el puente de la 9ª y el tercer carril cerca a ,la Puerta del Sol y el Viaducto, pero eso, a la larga, son pañitos de agua tibia frente a los fenómenos que causa la superpoblación y el incremento del parque automotor del área metropolitana de la ciudad, que sobrepasaran con creces todo esfuerzo local y la disponibilidad de recursos oficiales para imaginar más y más obras que solucionen los trancones de padre y señor mío.

En las grandes ciudades de Europa la tendencia que se impone es la de reemplazar el uso del vehículo particular por la utilización permanente de los sistemas de transporte masivo, pero, por supuesto, con la eficiencia y calidad que esas naciones le dan a esos sistemas públicos, cosa que es posible, entre otras cosas, por su gran adelanto técnico en estas materia pero igualmente la disponibilidad de grandes recursos económicos para implementar soluciones sin las limitaciones presupuestales de nuestras ciudades latinoamericanas.

Lo que desgraciadamente no se tiene en cuanta cuando se dan estas discusiones en nuestras grandes ciudades, es que el uso exponencial de los vehículos, de cualquier clase, contaminan grandemente el ambiente y contribuyen a la debacle ecológica que hace que hoy se presenten fenómenos nunca antes vistos sobre el planeta, como las grandes tormentas que arrasan pueblos enteros y esas nevadas descomunales como las que hoy por hoy se viven en Estados Unidos y parte de Europa. También las oleadas brutales de calor que generan incendios forestales descomunales, hacer parte del apocalipsis absurdo que el hombre mismo propicia por su irresponsabilidad en los compromisos con el ambiente y el planeta.

Pero aquí entre nosotros, ¿eso a quién realmente le importa? La destrucción del ecosistema por la contaminación por todos los medios, entre ellos los vehículos, más la descomunal superpoblación del planeta nos está llevando a la destrucción de la vida en general, pero la verdad pareciera que a la conciencia media de los habitantes eso, o poco les importa o es originado por un desconocimiento oceánico de las realidades estructurales del elemento físico de la existencia. Tarde o temprano, y tal vez más tarde que temprano, los gobernantes, teóricos y ciudadanos tendrán que entender que toda la locura colectiva de los habitantes del mundo  producen efectos que no tendrán soluciones ciertas. Y entre esos, entra la imposibilidad de transitar con un vehículo por las calles y carreras de las grandes ciudades, porque la congestión es tal que no se podrá andar  ni siquiera de 10 kilómetros por hora.