Editorial: EL INFERNO

bg_profilePara quienes no lo hayan leído les recomiendo un análisis minucioso de la última novela de Dan Brown porque trata, con lujo de detalles,  un tema que me apasiona desde hace muchos años y frente al cual todos los supuestos “lideres” internacionales, nacionales y locales, se hacen los locos: el de la superpoblación del planeta. Recurriendo a su súper apasionada forma de captar al lector frente a hechos de circunstancia extrema, Brown desarrolla la trama de un fanático extremista que teniendo como excusa citas fuertes de la Divina Comedia de Dante Alighieri, proyecta una gran destrucción masiva como una forma enfermiza de detener la multiplicación geométrica de los seres humanos sobre este planeta.

Aunque el contra héroe es ciertamente un ser patológicamente enfermo, el desarrollo de la novela es un excusa para ir aportando importantes cifras de muy serios y respetados organismos de salud e investigadores mundiales sobre lo que es, realmente, la implicación de una mega  población del mundo, hecho  para el  que no estaba  preparado nadie y por  supuesto, mucho menos el planeta. Esos miles de millones de seres no respetan ni normas ambientales, ni principios sanitarios, ni presupuestos tecnológicos y, por últimos, terminan convertidos en una especie de plaga que los destruye todo a su paso.  Evidencia más que cierta y contundente en el mundo real, la verdad es que todos,  absolutamente todos los gobernantes de paises industrializados o paupérrimos, ricos y pobres, derechistas o de izquierda, prefieren hacerse los no informados al respecto, ya por simple cobardía o conveniencia frente a los poderes eclesiásticos del mundo, dejando que la evidencia cierta de la autodestrucción sea un hecho que no se remite, ni más faltaba, solo a la  ficción de las novelas.

Y el recuerdo de la novela me vino a la memoria ahora que en el ambiente local se ha vuelto a poner sobre el tapete el tema del Páramo de Santurbán, una reserva de agua natural de los dos Santanderes, que por culpa no solo de los intereses de las empresas transnacionales que explotan el oro, sino también por los requerimientos inmediatos de los habitantes de ésta región que dicen tener la necesidad de destruir el sistema ecológico porque sencillamente requieren hacerlo para poder subsistir, están haciendo que por encima de las consideraciones técnicas y científicas, nos sigamos tirando el páramo y haciendo más cerca y real la autodestrucción de las especies.

Pero que hacemos, los habitantes de esa región y de otras cercanas y lejanas que por el simple interés financiero se acercan allí, se siguen multiplicando de manera impresionante y, mientras haya bocas y más bocas para mantener, habrá más excusas en labios de políticos y alcaldes oportunistas que no ven más allá de sus narices a la hora de ver el bosque y consideran, absurdamente,  que es más que valido destruir la fábrica de agua de los dos Santanderes. ¿Prevén lo que va a pasar en 20, 50 o 100 años con los futuros habitantes de estas regiones? ¡Qué va!, esos torpes encomenderos mediáticos de los interés de ya no pueden proyectarse más allá de 24 horas para prever desarrollos futuros. ¡Pobrecitos! Pero igual pasa en muchas otras materias que tiene que ver con el equilibrio planetario en departamento, paises, ecosistemas y reservas naturales en éste y todos los lares del mundo, y así estamos acabando, con irresponsabilidad asombrosa, la vida aquí en la tierra.

Luego El Inferno literario de Dan Brown está más cerca de la realidad de lo que todos podemos suponer. Pero en la vida real del globo terráqueo nadie levanta la mano para pedir un trabajo serio en el crecimiento desbordado de la población mundial, no a través de una locura criminal como la que planeaba el personaje de la novela, sino a través de un trabajo serio de concientización de hombres y mujeres para que entiendan, que no sin riesgo de colapso total se pueden seguir trayendo más y más muchachitos la mundo. Y claro, sin renunciar al dulce placer del sexo. Al fin y al cabo para eso existen los métodos de la planificación…