Editorial: EL NORTE DE BUCARAMANGA.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

descargaEs ciertamente agradable que las autoridades legalmente constituidas nos hablen de una acción sin contemplaciones para combatir todos los focos de delincuencia, tráfico de droga y otros males que se viven en el norte de la ciudad, pero la sociedad entera no puede olvidar que todos estos problemas allí originados son el producto del abandono sistemático que muchos gobiernos municipales y departamentales han tenido con estas gentes que, de  manera desordenada y en medio de la pobreza, se han venido concentrando en este sector de la  ciudad.

Ciertamente no estamos de acuerdo en justificar por justificar la delincuencia y el desorden de la muchachada, pero nadie con dos dedos de frente podrá negar que todos esos problemas surgen de un contexto limitante que no da oportunidades reales de estudio y trabajo, pero en el que además una constitución familiar atípica y no adecuadamente preparada para la crianza, ha contribuido a generar más elementes de perturbación y angustia en estos muchos que, desafortunadamente, encuentran en el pandillismo una forma inadecuada de encauzar sus limitaciones y problemas.

Ahora, que frente al problema macro de la negociación de paz se habla alegremente de la legalización del consumo y parte de la siembra y comercialización de la droga alucinógena, uno se pregunta a donde puede ir a parar una muchachada que no tiene una formación adecuada en sus familia, ni en la escuela y menos en el colegio, para enfrentar de manera abierta la tentación del consumo de droga que, desgraciadamente, tanto atrae a la muchachada.

Por otra parte la judicialización explicable en el marco de nuestro régimen judicial, lo que produce es un mayor hacinamiento en cárceles y centro de retención en donde, nadie lo puede negar, estos muchachos se pulen mas pero en la práctica de  malas mañas y nuevas técnicas de delincuencia.

Reiteramos, nos parece buena y necesaria la acción policial frente a los desordenados de allí y de todas partes, pero el estado no debería olvidar que la mejor forma de resocializar a unos jóvenes desorientados, es brindándoles oportunidades  ciertas de rehabilitación, estudio y trabajo, opciones estas que no se pueden quedar solo en el discurso de quienes aspiran a administrar nuestras ciudades.