Editorial: EL NORTE DE LA CIUDAD.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

WILFREDO SIERRA MORENONos gusta sobre manera cuando la administración municipal de Bucaramanga nos entrega noticias sobre inversiones importantes en el norte de la ciudad, no precisamente por estigmatizar  esa zona de nuestra comunidad, sino porque efectivamente allí desde siempre se han presentado muchas limitaciones de tipo de atención a las necesidades básicas de sus habitantes y porque, a no dudarlo, de no tratar de mejorar las condiciones de vida de sus moradores, muchos gérmenes de graves problemas se estarán incubando allí para el inmediato futuro.

La maledicencia típica de algunos sectores de opinión siempre quiso reducir a los barrios del norte al simple papel de grandes determinadores de las jornadas electorales de la ciudad, pero eso no deja de ser una visión recortad de lo que verdaderamente debería ser un acercamiento a un conjunto de hombre y mujeres que no las tienen todas a su favor. La mayor incidencia del mototaxismo justamente para la norte de la ciudad, muestra, sin lugar a dudas, que el problema del desempleo es allí más grave que en otros sectores de la ciudad, obviamente sin olvidar que en la parte oriental de Bucaramanga los elementos de la pobreza extrema y los problemas sociales de todos orden son también agobiantes.

Pero además de la formalización de barrios, el diseño de vías y todos esos elementos de cemento que son tan importantes en la supervivencia de una comunidad, la parte humana de sus habitantes, pero sobre todo de su juventud, debe ser abordada con mayor agresividad. Nos parece por ejemplo que en materia de prevención de consumo de alcohol y drogas alucinógenas hace falto una acción no solo policiva sino de orientación humana que toque, de verdad, el corazón de los muchachos y sus familias. Y sin desconocer  la labor que hacen un grupo de señoras muy bien intencionadas en cuanto a la prevención del embarazo adolecente, ahí también creemos que la acción termina resultando muy tímida,  demasiado formal, sin la verraquera que hay que asumir para despertar a estas niñas sujeto de un contexto social complicado, para hacerles ver, sin tapujos,  que la solución de sus dificultades no es traer muchachitos irresponsablemente al mundo.

Claro, entendemos que hay limitaciones de recursos financieros y humanos, no queremos demeritar -¡ni más faltaba!- la acción de administración municipal en esa zona de la ciudad, pero son tantos sus problemas que uno quisiera encontrar una fórmula mágica pero terminar de una vez por todas con sus dolamas…