Editorial: EL PARADIGMA DE LAS BRUJAS

Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profilePor encima de todos el barniz  de modernidad que el hombre se quiere dar en este siglo XXI, la verdad es que muchas de sus creencias más secretas y arraigadas son bastante primarias, y el cerebro riptido, esa memoria ancestral que todos cargamos en alguna parte de nuestra cabeza, nos recuerda todos los días que la cueva, la caza primitiva y la magia estarán con nosotros por muchos pero muchos años de nuestra existencia sobre éste pedazo de tierra rodando por el espacio.

El encanto especial y la mayor fuerza que con el paso de los años  toma  la celebración del día de las brujas ya no solo como una excusa para dar caramelos en los niños, tiene su raíz subconsciente en que la primera religión del hombre fue la creencia en artilugios fantasmagóricos y su primer y gran sacerdote, el brujo de la tribu. Con todo lo que ha tratado de desacreditar  la iglesia católica muchas de las prácticas y creencias primarias de los seres, no ha logrado ni podrá borrar del inconsciente colectivo el atavismo pagano que fue la primera gran vivencia de los seres al desarrollar su uso de razón.

Es más, muchas de las prácticas litúrgicas católicas y de las mañas diarias de los creyentes de todo el mundo son esencialmente paganas y mágicas, y el uso de la vela, los inciensos, y la misma eucaristía con su supuesto misterio de la transustanciación del pan en el cuerpo y la sangre de Cristo es un procedimiento esencialmente mágico, de alto ritual teúrgico, solo que cubierto con un ropaje de supuesta santidad que hace que se practique una hipotética magia con otro nombre.

Desde luego, la existencia de brujas modernas que recurren a ungüentos, bebedizos y pócimas de amor para amarrar amantes o esposos, es más común entre nosotros de lo que se pudiera creer, y de verdad que uno añora un buen trabajo sociológico de esos investigadores fabulosos que de cuando en cuando aparecen por ahí, para que nos contara, con pelos y señales, como la invocación a espíritus,  de al mismísimo diablo, y las chuzadas de muñecos con alfileres que tiene su origen en una vieja tradición cubana, son el pan diaria de muchos sectores y subculturas nuestras que, para satisfacer a los vecinos del barrio van a misa todo los días, pero que en la intimidad y para resolver sus pleitos o deseos primarios,  recurren sin ninguna pudor y con mucha convicción a la brujería.

Luego la fuerza de la celebración de la noche de halloween no es tan inocente y folclórica como los desinformados no la quieren hacer creer, y por supuesto hay que tener muy en cuenta la vieja sentencia de nuestras queridas  abuelas: hijos, no crean en la brujas, pero que las hay, las hay…