Editorial: EN DROGADICCIÓN, COMBATE PERO TAMBIÉN TRATAMIENTO.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra morenoAhora que el gobierno nacional está tan interesado en mostrar resultados contra las famosas ollas del consumo de productos alucinógenos, seria bueno recordar que detrás de los negociantes inescrupulosos con la drogadicción, hay unos hombres y mujeres que quedaron en la mitad de esta nueva pandemia adictiva del mundo, y son esos consumidores habituales, el consumidor consuetudinario  propiamente dicho, que es una victima de la liviandad de su comportamiento cuando, por acción y accidente, terminaron enredados en la droga.

Durante el anterior gobierno y en desarrollo de algunos de los debates mediáticos que de tiempo en tiempo se desarrolla sobre los más variados temas en este país, se hablo de unos centros de tratamiento a donde se buscara, de alguna forma, recuperar a esta pobre gente, que por acción del mismo efecto del alucinógeno, prácticamente son incapaces de salir por disposición propia de su desgracia. Quienes afortunadamente no tienen entre sus familiares a consumidores de cualquiera de esta basura, mariguana, bazuco, pepas y – cuando se tiene suficientes recursos-  cocaína, no saben lo que es el drama de padres de familia, esposas e hijos, frente a la tragedia de es ver que uno de los suyos se consume en el vicio y la desgracia irreversiblemente.

Pero, como siempre, de la promesa especulativa sobre centros de tratamiento orientados por el estado para tratar de rescatar un buen número de estos seres del infierno humano nunca se paso y,  ahora, cuando celebramos por supuesto, el combate sin tregua a los puntos habituales de expendio de drogas, no esta de más recordar que atiborrar más las cárceles de “mariguaneritos” que serían rescatables con un buen tratamiento, no es ciertamente una solución definitiva.

Posiblemente estamos metafóricamente latiéndole a la luna, pero la acción estatal frente a problemas sociales de múltiples implicaciones como éste, debería tener la consideración de que se esta tratando con ciudadanos que son sujetos de una posible reforma de su comportamiento, sobre todo entendiendo que las cárceles de éste país no son m.as que escuelas del crimen y los peores hábitos –porque allí si se tiene dinero se consigue igualmente la droga-. y nuca, centros de rehabilitación. ¿Pero si será que este enfoque humanitario algún día llegue al tratamiento de los adictos nacionales?