Editorial: ERRADICACIÓN DEL TRABAJO INFANTIL, UN FALSO POSITIVO…

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

1a wilfredo sierraNunca podré olvidar el rostro adusto de un campesino rudo que, viviendo cerca de un barrio casi rural de la ciudad, solía repetir cuando yo estaba niño, que los pelaos tienen que venir al mundo es a trabajar, y apenas si dejándolos ir a la escuela, de mala gana. A las niñas de su hogar no les permitía estudiar porque, según el decir de este troglodita bumangués, las mujeres vinieron a la vida para cocinar y hacer los oficios de la casa, y para que cuando sean mayores, se conviertan en humildes y sometidas esclavas de sus  maridos. Estás desafortunadas creencias ancestrales están tristemente muy arraigas en el subconsciente colectivo de una raza, machista y rustica al cual más, que los sociólogos y psicólogos timoratos de nuestro entorno no son capaces de poner al orden del día en esta sociedad moderna, en donde aparentar, ser hipócrita, vivir de la fachada exterior, es la mejor forma de circular en un contexto en donde rendirle culto a la superficialidad es lo más importante.

Pero claro, una investigación seria de estas realidades de la explotación con el trabajo infantil en nuestro entorno tampoco se la podemos pedir a nuestros peripatéticos historiadores locales, porque la mayoría de ellos tiene un supuesto oceánico conocimiento – de labios para afuera desde luego – por un centímetro de profundad, que se reduce a leer uno o dos libros de personajes de la independencia, para disque “escribir” obras históricas que apenas si tienen dos o tres párrafos originales y los demás son comillas citando o copiando a los autores leídos.

Además, el teórico conocimiento de la realidad del trabajo infantil entre nosotros tiene una falla estructural de metodología protuberante, y es que hace que todas las estadísticas al respecto sean sustancialmente elaboradas sobre las escasas denuncias que al respecto son colocadas ante las autoridades de policía o del ICBF, quejas que son bien pocas, teniendo en cuenta que son muy pocos los hijos que son capaces de descubrir las patologías explotadoras de sus padres, y en el hecho innegable que aquí, los “verracos” santandereanos, prefieren hacerse los de la vista gorda frente a hechos de violación de este tipo, para no meterse en problemas con los padres de familia que exprimen y vulneran los derechos de los menores de edad.   Pero trabajo de campo realmente serio del ICBF, e investigación sistemática por los hogares nuestros sobre como se vive concretamente los derechos de los niños en sus familias, no hay.

Lo inocuo del trabajo de la autoridad establecida para abordar este tema está en la misma auto propaganda que se hace la dirección nacional del ICBF, cuando tratando de resaltar espuriamente su labor con boletines de prensa, presenta como gran logro el tener 3.133 procesos para el restablecimiento de derechos de niños, niñas y adolescentes en situación de trabajo infantil en Colombia. ¡3.133 procesos en una población que se calcula en 48.32 millones de habitantes! Según eso estaríamos en el mayor paraíso en cuanto el manejo de los derechos de los menores porque el porcentaje entre las dos cifras da el 0.00625%, es decir, mucho menos que nada. O una de dos, o no hay explotación del trabajo infantil en nuestro país, o la flamante entidad llena de burocracia -¡y muy bien paga!- realmente no hace nada de nada. Y aquí se repetiría el viejo adagio que el pez muera por su propia boca.

Mis inquietudes sobre la eficiencia en el trabajo, los informes y el proceder de esta deslumbrante entidad han aumentado desde que el mismísimo Fiscal General de la Republica, en una entrevista dominical para El Tiempo, dijera  que en el ICBF hay corrupción, ¡y mucha!, preciso. Lo curioso es que representando lo que representa el Fiscal General de la Nación, no haya iniciado él mismo, de oficio, las debidas investigaciones al respecto.  Pero esas son la cosas sorprendentes que pasan en este Macondo enrevesado, en donde nada es lo que parece, los liberales son más godos de lo que fue el mismísimo Laureano Gómez, los Magistrados de la Altas Cortes son expertos en pedir comisiones leoninas, y en los tramites de los grandes proyectos de Ley en el Congreso se meten “micos” al por mayor para torcerle el pescuezo a la legalidad. En ese contexto, ¿a quién realmente le importa que a unos cuantos pelados los exploten miserablemente unos padres desnaturalizados? No nos digamos mentiras, el tal trabajo por erradicar el trabajo infantil en Colombia es otro protuberante falso positivo del Estado. Del cual se habla mucho hoy porque es su día, pero de lo que nos olvidaremos mañana cuando otros menesteres de moda nos ocupen la atención.