Editorial: ¿ES ACASO NUEVA LA CORRUPCIÓN EN ESTE PAÍS?

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Aunque lo de la Corte Constitucional Colombiana y el magistrado Pretelt desconcierta por tratarse de la institución teóricamente más digna de la justicia y la ética nacional, la verdad es que la corrupción en este país no es nueva, y que recuerde, desde los inicios de mi vida como periodista -¡y de eso ya hace largos años!- el temita a estado rodando persistentemente en el ambiente colombiano, sin que a pesar de los muchos espavientos y golpes de pecho de cada época, nunca pase nada.

De los que más recuerde porque me tocaron de cerca por la militancia en la Confederación Liberal, estuvo el que determino la detención de Rodolfo González García después de su paso por la Controlaría General de la República, propiciado por un Fiscal General de la Nación que le dio por utilizar su cargo para tratar de destruir a sus supuestos contendores políticos en el departamento de Santander. El paranoico Fiscal General de entonces creía estúpidamente que iba a ser Presidente de la República, y en uso de una mala maña de los arrogantes funcionarios en ejercicio de transitorios cargos, empapelo a más de uno, sin ton ni son.  Al final, luego de largos años de trámites en los vericuetos de los juzgados de la Capital de la República, Rodolfo González fue declarado formalmente por Ley libre de toda culpa, y su causa reivindicada por una multimillonaria indemnización que beneficio a su familia.

Luego vino el caso de la elección de Ernesto Samper y los supuestos miles de millones que los Rodríguez Orejuela entregaron a esa campaña para ganar la segunda vuelta. Con la curiosidad anecdótica de que en nuestro querido departamento de Santander muchos supuestos “bien informados” daban cuenta exacta de los colores de la decoración del papel de navidad en la que decían, estaban envueltos los billetes que en una avioneta llego a los diferentes municipios de nuestro departamento.  Al final resultó que sí pero que no, y Samper y compañía resultaron absueltos por la brillantísima Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, de la que estamos todos de acuerdo en que sirven tanto como las tetillas de los hombres: para nada.

Los narcotraficantes en su momento afirmaron que habían pagado grandes sumas de dinero para que los miembros de la musculada Constituyente del Gobierno de Gaviria no aprobara la extradición, pero luego de las dos o tres semanas del respectivo espaviento, todo quedo -¡como siempre!- en el olvido.  Y así, hasta el infinito, los casos de chanchullos, ilegalidades, curiosos muertos y similares se han ido sucediendo mes a mes, año a año, consumiendo mucha tinta de periódicos, bastante saliva de comentaristas radiales y varias y costosísimos titulares de televisión, para que al final todos sigamos tan contentos como siempre.  Porque aquí, como dice algún cínico amigo, nunca pasa nada, nunca ha pasado nada y nunca pasara nada.

Ah sí, uno que otro parlamentario desprovisto de su investidura y encarcelado. ¡Pero es tan generosa nuestra democracia, que estos enjuiciados han podido endosar sus votos a sus hermosas mujeres! Que además de optar por el título de Honorables, han logrado tener la virtud de aumentar la cauda electoral de sus maridos en varios miles de votos. Y de hecho preparar a sus hijos para heredar lo que en otras épocas se llamaban “feudos electorales”, y que ahora son clientela de votos alimentados muy bien con “mermelada”.

Luego rasgarse las vestiduras ahora diciembre que “oh horror, nos llegó la corrupción a este país”, además de estúpido es hipócrita, entre otras muchas cosas porque los que hacemos alharacas ahora, somos los primeros que saldremos a votar en las elecciones regionales por los mismos concejales, diputados y alcaldes, que son diestros en manejar el clásico serrucho. Por los mismos con las mismas, sin que tanta supuesta indignidad por los males de la nación, la corrupción y la delincuencia, se exprese en formas de rechazo ciertos a la hora de votar.  Luego, ¿para qué tanta quejadera si quienes en teoría tenemos el poder de decidir somos una recua de complacientes que no tenemos vergüenza en la cara para tomar acciones correctivas? Por eso sigo totalmente convencido que el más brillante hombre que ha dado en todos los tiempos esta nación es el doctor Darío Echandia, quien nos definió muy bien cuando sentencio sin miedo: ¡este es un país de cafres!