Editorial: ¿ES POSIBLE HACER LA PAZ CON SERES GENÉTICAMENTE VIOLENTOS?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra1Cuando un par de amigos me pregunta por qué no creo que se pueda lograr una paz verdadera y estable en ente país, siempre tengo a flor de labio la predisposición casi genética de muchos sectores de la sociedad colombiana para ser, porque si, agresivos y violentos. No solo hay que remontarse a las atrocidades de la época de la violencia liberal – conservadora, o a los exabruptos de los grupos armados ilegales de las dos extremas, sino hay que ver lo que sucede todos los fines de semana y cada vez que hay un partido de futbol con esas hordas  de muchachitos desadaptados que, como paso otra vez ayer, matan porque si a  otro pelado, sencillamente porque  lleva la camiseta de un equipo contrario.

Como lo dijo el comandante de la policía de Bogotá, es esta una sociedad enferma, en donde cada ciudadano debería estar acompañado de un siquiatra o un sicólogo, para tratar sus neurosis, esquizofrenias y rencores enraizados, que deja salir, con mucha facilidad, con el menor esfuerzo. Pero a diferencia de lo que ocurría en el inmediato pasado, hoy la producción de monstruos agresivos es en serie, porque nunca,  hace 10 o 20 años,  centenares de muchachos se citaban como ahora por medios electrónicos, sencillamente para darse garrote y cuchillo.

A mí que no me vengan a decir que todo este centenar de muchachos hechos casi desde el vientre unos barbaros agresores e insensibles a cualquier valor humano, no van a ser el caldo de cultivo, en el inmediato futuro, de las bandas de criminales, los grupos armados ilegales y las organizaciones de asesinos en serie, no ya reclutados a la fuerza, sino por gusto propio, por placer, por convencimiento, porque agredir y matar se les ha vuelto una segunda naturaleza y no están felices si no están en la gresca, el vicio y la violencia.

Nuestra preciada sociedad formal se equivoca de cabo a rabo cuando desde los escritorios hace postulaciones más bien hipócritas e interesadas sobre un supuesto futuro en donde hipotéticamente correrán ríos de miel y leche, mientras olvida, cínicamente, la formación, el estudio, las necesidades básicas, las carencias de afecto y medios sanos de entretenimiento de una juventud que revierte en odio, temeridad y el más mínimo respeto por la vida,  las frustraciones y limitaciones que le han propiciado sus mayores. Con esas semillas que estamos formando sí que es cierto que la supuesta paz del futuro colombiano no deja de ser más que un discurso mentiroso.  Obras son amores decían nuestros mayores, y en esto de formar una sociedad hace falta más que declaraciones hipócritas para lograr resultados. Desafortunadamente, en cuanto a las necesidades, la atención y el acompañamiento cierto de nuestra juventud en el presente, no se ve nada serio por ninguna parte.