Editorial: FERNANDO GONZÁLEZ PACHECO.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileLa muerte de Pacheco nos deja sin uno de los más grandes profesionales de la televisión colombiana, aquel que era culto, ilustrado, intelectual, humano, y que sabía que no se podía ser irresponsable frente a la audiencia cuando a uno lo colocan unA cámara de televisión, un micrófono de radio o tiene la responsabilidad de escribir para la opinión pública. Su talante y versatilidad contrasta con la mediocridad con que algunas grandes cadenas de televisión, hoy por hoy, nos imponen todos los días como teóricos presentadores, señores que de verdad  dan grima y vergüenza.

Como siempre que un grande de la televisión, el arte, el teatro, el periodismo o columnista de opinión publica se va de entre nosotros, su legado contrasta terriblemente con la mediocridad en que algunos sectores de la actividad intelectual y comunicativa se presenta ahora como aceptable, y aún más, es animado por otros incultos y cretinos que pretender ser autoridad en materia de trabajo intelectual, cuando apenas si pueden merecer el título de lagartos.

Viendo la selección de entrevistas que hoy los noticieros nacionales reprodujeron de la clásicas “Charlas con Pacheco”, sobre todo las realizadas con Luis Carlos Galán y Jaime Garzón, uno puede ver al verdadero profesional, periodista e intelectual, que sabe llevar magistralmente una entrevista, sin la  petulancia de tanto patán venido a más, que llena los minutos de un programa radial o televisivo con su incultura oceánica, “bestializando” a cada minuto, y atropellando la gramática y las buenas maneras.

Ahora que la memoria de Pacheco me hace hacer reflexiones sobre estas materias, no dejo de pensar en el triste espectáculo que se ve en el terreno de los columnistas de nuestro entorno, en donde salvo dos o tres excepciones, el resto da grima, dejando correr parrafadas sin ninguna coherencia o elegancia real, lo que en mejores tiempos era la materia prima para alimentar el gusto de los lectores que deleitaban esas verdaderas pequeñas obras de arte. Sobre todo, en algún sector de los seudo columnistas jóvenes, ha hecho carrera la creencia que entre más vulgaridades, groserías, patanadas y despropósitos se diga, mejor escritor se es. Pero claro, en el reino de los ciegos el tuerto es rey, y entonces a estos nuevos vulgares de la palabra escrita se los premia como los grandes descubrimientos del gremio actual. ¡Sorpresas te da la vida!

Ojala la despedida de los grandes hombres de la televisión, la radio y la prensa escrita no solo nos quede la lamboneria laudatoria y quejumbrosa, sino que pudiéramos aprender de esos verdaderos maestros que nos dejan como verdadera enseñanza para nuestro oficio,  con su bagaje intelectual, su real capacidad para la lectura y la síntesis, pero sobre todo esa manera sorprendente y magistral para improvisar a cada momento inteligentemente, como lo hizo durante su largo ejercicio profesional, Fernando González Pacheco.  Paz en su tumba y que su ejemplo nos sirva de aprendizaje afortunado para lo que a nosotros nos queda de vida.