Editorial: HABLANDO DE MEDIO AMBIENTE…

wilfredo sierra mEntre nosotros ha hecho carrera hacer un ”día de”, y desde el tradicional de la madre, el padre, la secretaria, el perro y el gato, las celebraciones para determinados personajes y gremios se repiten mecánicamente. Claro con unas connotaciones de frivolidad formal, que los negociantes no dejan de usar comercialmente, porque la oportunidad la pintan calva, y sacarle unos pesitos a los tontos o a los hipócritas que quieren posar por 24 horas de buenos, no deja de ser una de las grandes “genialidades” de nuestros comerciantes criollos.

Hoy el turno le toco al medio ambiente y, la verdad, ante la descomposición seria, mejor dicho gravísima de este componente de la condición de nuestro planeta, no deja de ser una ironía que a algunas entidades les haya dado por asumir la “celebración” como se hace para los niños de escuela primaria o, mejor, de kínder, con bombitas, payasos, y caravanas de carro – tan de moda por estas fechas de temporada política – y todas esas banalidades que nada tienen que ver con el más grave problema que tiene el planeta tierra, gracias a la irresponsabilidad faraónica del que presume ser la más grande creación de la naturaleza, pero que en el fondo tenemos una cabeza de chorlitos descomunal que no nos da ni para tener el criterio primario de proteger y cuidar el suelo sobre el cual vivimos.

La irresponsabilidad es tal que entre los santandereanos hemos presenciado durante los últimos meses la pelea entre entidades ambientales, que en buen romance deberían tratar de trabajar mancomunadamente para hacer frente a los descomunales desafíos que en esta materia tenemos, pero ¡qué va! El ego, ese monstruo de mil cabezas que destruye desde la paz entre naciones hasta relaciones maritales y la armonía de las familias, es más fuerte que el sentido común de la supervivencia del género humano. Y haciendo a sus víctimas argumentar desde superioridad de raza, hasta mayor destreza cerebral y más pergaminos sociales, contribuye a que los pocos pesos que tenemos para estos que deberían ser urgentes menesteres, se gasten en costosísimos abogados, para ganar en los estrados judiciales pleitos alimentados más por la soberbia que por la razón.

En Bucaramanga por fortuna hemos tenido la transitoria suerte durante esto 4 años de que se ha establecido una veda sobre los Cerros Orientales para que no puedan ser urbanizados, pero los días de la presente administración municipal se agotan a pasos agigantados, y nadie sabe que puede traer dentro de su costal de sorpresas quien se quede con la administración municipal, que indudablemente sabrá poner en practica la maquiavélica premisa de que “cada alcalde manda en su año”, lo que en la práctica nosotros sabemos que es lo que significa. Y no les quede la menor duda, ese nuevo y muy bien posesionado gremio de nuestro entorno, los constructores, están que se muere de ganas por echarle mano a esa manzana provocativa de los Ceros Orientales. Seguramente invertirán generosamente en las campañas a la alcaldía de Bucaramanga que están en curso, y de nuevo, ya todos sabemos lo que eso representa.

Y aunque hacia Piedecuesta y por la vía de conexión entre Floridablanca y Girón podemos ver algo de verde -¡aunque ya no mucho!- no nos quede la menor duda que en 20 o 40 años varios de esos bellos pastizales serán historia del pasado.  Claro, nadie duda que nuestros ricos locales tienen todo su derecho de hacer más y más negocios – para el bien de Bucaramanga y de Santander nos dicen – y mega construcciones como el Complejo Médico del Hospital Internacional de Colombia y el super espectacular proyecto urbanístico Ciervos del Agua, muestra una tendencia que con proyección  hacia los decenios venideros nos hace tener serias dudas sobre la extensión real del verde en la gran planicie del área metropolitana de Bucaramanga, del que seguramente no  podran disfrutar nuestros nietos y bisnietos.

Luego el problema medio ambiental no se afronta con poner a los niños de las escuelas a sembrar maticas para mejorar el mundo – ¡no nos crean tan pendejos! – sino que tiene su real fuente en la clásica y vieja vocación feudal de los grandes terratenientes locales, que ya no quieren tener plantíos, labranzas y piones, sino grandes urbanizaciones y mega proyecto productivos, en donde su capital se multiplique exponencialmente.  Y si en ese empeño hay que sacrificar el verde, la posibilidad de respirar aire sano, las corrientes cristalinas de los ríos -¡que hace mucho rato dejaron de existir entre nosotros!-, en una palabra todo el medio ambiente, pues lo hacen qué carajo, que para eso ellos son los dueños de la plata y de paso, como no, del poder. Pero claro, de esa razón real y de base no nos puede hablar de frente los señores que creen que hacen gran cosa disfrazados de payasos –que en el fondo si lo son-, inflando bombitas y que terminarán en las 6 de la tarde en una borrachera de la madona gracias al wiski que proveerán con la plática oficial. Y no nos hablaran de esas cosas profundas, porque aunque saben perfectamente por dónde va el agua al molino, la conveniencia les hace hacerse los locos, porque nadie que tenga tres dedos de frente en esta época de vacas flacas, se pone a patear la lonchera.