Editorial: LA ESTRUCTURA AGRARIA DEL PAÍS.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

WILFREDO SIERRA MORENODifícil va ha ser que durante mucho tiempo el pueblo colombiano encuentre un verdadero estado de reconciliación con su sector agrario, esencialmente porque la estructura económico de éste país está diseñada sobre la base de rendirle pleitesía al gran capital –que es al fin y al cabo el que financia todos las campañas políticas de Colombia- en detrimento de lo que no de utilidades altísimas para los pocos pulpos financieros que saben lo que son las delicias de la concentración económicas en unas pocas manos.

Al contrario de los que pasa con el sector financiero, que rinde utilidades multimillonarias año a año y goza de todas las gabelas oficiales para hacer con el usuario de su sistema lo que le dé la gana, el mediano y pequeño productor campesino no tiene dolientes en el establecimiento colombiano, y si hoy el actual gobierno trata de mostrar alguna preocupación por lo que está aconteciendo con los reclamos de las gentes del sector rural, es porque está en campaña de reelección presidencial y no le conviene mostrarse tan abiertamente proclive en favor de los grandes terratenientes de la nación.

Pero claro, ya desde las esferas ministeriales y en el contexto del congreso se ha comenzado a propiciar leyes que favorezcan descaradamente la concentración de la tenencia de la tierra y la consolidación exclusiva de la agroindustria como vía definitiva de la acción productiva agrícola nacional, sin parar mientes en lo que el neoliberalismo salvaje implique de sacrificio y destrucción del pequeño y mediato productor. Y, por supuesto, es la postura de una de las dos corrientes ideológicas en el mundo en el manejo del destino de los pueblos, la del capitalismo salvaje, que no tiene sentimiento a la hora de hacer lo que sea por acrecentar sus riquezas, y que no quiere ni le interesa pensar en la suerte de más débiles financieramente, a no ser pauperizarlos para volverlos simples obreros más –y mal pagos- de sus impresionantes agroindustrias.

Los acuerdos y logros de los campesinos de pie al suelo en la lucha de estos días no son más que paños de agua tibia en el gran marco de una política definida no solo nacional sino internacionalmente, en la que lo que está en el trasunto de las reglas del comercio internacional actual es perfectamente claro: nada de protecciones de gobiernos particulares, un solo gran comercio mundial con dados marcados a favor de los están mejor posesionados para apretar el monopolio. Y que los pequeños y medianos productores del planeta se jodan…