Editorial: LA IGLESIA CATÓLICA SIGUE DISCRIMANDO A LA MUJER.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredoAunque Francisco como nuevo timonel de la Iglesia Católica ha mostrado en sus maneras de relacionarse con el mundo una actitud ciertamente muy abierta y está llamando al orden a los arrogantes y presuntuosos clérigos que encontraron en el oficio de pastores una manera fácil de hacerse ricos y vivir con mil comodidades, no todo lo que brilla es oro, y en su aproximamiento al tema de las mujeres dentro de la actividad sacerdotal sigue teniendo la misma actitud conservadora y retrograda que desde siempre ha mantenido la jerarquía de esa institución.

El catolicismo heredo del judeocristianismo una actitud ciertamente desconsiderada frente al papel de la mujer en la vida, y los estudiosos del antiguo testamento llaman la atención en como en ciertos pasajes de lo que ellos llaman el libro de la ley antigua, son más importantes los muebles y el ganado que la misma compañero de esos nómadas machistas que recorren el agreste suelo del antiguo oriente medio. Y, por supuesto, Pablo de Tarso, -el verdadero inventor del cuento teológico del Nuevo Testamento- con su misogamia –un odio visceral contra el género femenino- , no le ayuda mucho a la consideración del rol de la mujer en esa congregación.

Resulta cuando menos indignante ver como en una definición del logro de la practica espiritual, contenida en lo que llaman el Nuevo Testamento,  Pablo dice que al hombre le está destinado “ver la gracia de Dios”,  pero a la mujer le asigna el simple derecho de ver esa gloria, “reflejada en el rostro de su esposo”. Denigrante, indigno, patético. Posiblemente explicable en épocas cuanto el atraso y la ignorancia permitían ese desprecio ignominioso contra la más bella creación de la existencia, la mujer, pero que no tiene ninguna lógica en épocas moderna y frente a una cultura realmente ilustrada.

Cuando la lucha por encontrar un puesto bajo el sol del género femenino  se sigue dando a todos los niveles y en todos las culturas del mundo, resulta ciertamente dudoso que el catolicismo crea poder llamar a la militancia de sus doctrinas a cada vez un mayor números de ellas, quienes ya no son sumisas ni ignorantes, y no se comen el cuento fascista de que deben estar subyugadas  “por designio de Dios”. Ahí,  la habilidad manipuladora tan típica de los Jesuitas, no creo que de muchos resultados, y el debate teológico y sociológico debe de bajar de esa presunción barata de “inefabilidad papal”, para  ponerse en consonancia con unos logros políticos y prácticos que le dan, hoy por hoy, unos derechos inalienables a las mujeres del mundo.

No soy creyente de ninguna denominación religiosa, pero hay que reconocer que por los menos los evangélicos y todo ese montón de sectas envueltas en la denominación genérica de protestantes, les permiten, en igualdad de condiciones,  el pastoreo y la dirección de muchas comunidades a sus mujeres. También los anglicanos tienen mujeres sacerdotisas y hasta obispos y arzobispos femeninos, y por eso no han hecho crisis. Sólo el catolicismo persiste en defender anacronismos estúpidos, y ahí mi admirado Francisco no es tan liberal como quiere mostrase ante  los ojos del mundo.