Editorial: LA INESTABILIDAD INSTITUCIONAL COLOMBIANA…

Por Wilfredo Sierra Moreno

Suntitled 55i algo caracteriza la institucionalidad pública colombiana es su inestabilidad, y ello se debe a que, desde siempre, el estamento político y administrativo nacional ha estado signa por el egocentrismo y la vanidad personal, sin un verdadero referente a las grandes declaración de principios de las colectividades partidistas nuestras, que en ultimas se han convertido en una montonera para repartir avales y alimentar vanidades.

Resulta triste que cuando los supuestos grandes prohombres de la vida nacional llegan a las máximas dignidades de responsabilidad entre nosotros, llámense Presidencia de la Republica, Procuraduría General de la Nación, Contraloría General de la Nación, Fiscalía, etc, etc, no lo hacen en nombre de grupos de opinión serios y respetables, sino más bien gracias a la habilidad de maniobra frente a los electores y nominadores de esos cargos, y una vez allí lo que prima es la vanidad y el criterio personal, por encima de los supuestos intereses de la nación.

La peleas entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, entre el Fiscal General de la Nación y la Contralora, y del Procurador con todos y por todos, es la garrotera de ególatras enfermos que, cada uno a su manera, se creen depositario de las verdades absolutas de la existencia, y le quieren imponer a sus contrincantes y a la nación, su particular y dictatorial manera de ver las cosas. Ni siquiera las jurisprudencias de las Altas Cortes están ausentes del venenito de la intriga y la maledicencia, porque allí, igualmente, las dignidades se reparten de acuerdo a  compadrazgos establecidos. Porque es que en este país sí que es cierto que la sal se corrompió.

Luego rasgarse las vestiduras por uno u otro de los reyezuelos que se enfrentan a sus pares con incidía venenosa no es precisamente muy equilibrado que digamos. Ésta es una nación de verdades a medias, de mentiras mal encubiertas, de manzanilla promesera al cual más y de votos comprados aquí y allá a electores que se volvieron como sus dirigentes, interesados, negociantes e hipócritas, que aprendieron a vender su opinión por unas cuantas monedas que, al parecer, es lo único que les queda de las mentiras que siempre,  en vísperas de elecciones,  salen a vender los pregoneros ilusiones baratas.

¿Quién será el próximo en tropezar y caer a la desgracia política y social en este tinglado de mentiras muy bien armado? Eso depende de la suerte o desgracia  de la víctima que, como en el viejo imperio romano, nunca sabía de qué lado venia  la puñalada trapera…