Editorial: LA INTEGRACIÓN REGIONAL…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1a wilfredo sierra bbEn una de esas oleadas de buenas intenciones que de tiempo en tiempo se vive en la opinión pública y en la acción de los gobiernos nacional, se habló con mucha insistencia de la integración regional como una forma de desarrollar los diferentes sectores geográficos colombianos y dar a departamentos afines posibilidades de construir en conjunto nuevas alternativas de desarrollo local. Hoy cuando se está empezando a desarrollar las ferias patronales de la ciudad de Pamplona, y ni siquiera tenemos una buena carretera que nos comunique con los pamploneses, uno se pregunta qué quedo de toda esa retórica integracionista en la que se gastó mucha saliva y mucha tinta… Creo que la mayoría de ciudadanos de esta parte del país ni siquiera sabe que festividades se están desarrollando en Pamplona, y lo que es peor, ni siquiera les importa.

Pero no hay que ir muy lejos… Ni dentro de los linderos de nuestro propio departamento de Santander tenemos una integración real y efectiva con municipios como Barbosa, Vélez y Puente Nacional, porque a la distancia geográfica que separa a esas localidades de la capital del departamento hay que agregar que su carretera es pésima, mal mantenida, no tiene dolientes, y la verdad, a pesar de todas las promesas que todas las semana hacen los Ministros y el mismo Presidente -¡porque no salen de aquí, aunque eso no nos beneficia en la práctica en nada! – no se ve posibilidades que en menos de 40 años se vea una ampliación, mantenimiento y repavimentación del tramo, que realmente valga la pena.

Decir que lo que sucede en el Norte de Santander en general o en Cúcuta en particular nos importa aquí en Bucaramanga sería una gran mentira, porque ni siquiera las visitas protocolarias y medio fraternales que se hacían entre los dos departamentos se volvieron a hacer, y fuera del gran esfuerzo que hace TRO para mantenernos informados de lo que pasa en los dos extremos de El Gran Santander, nadie más mueve un dedo para hacer ver que nuestra hermandad y vecindad realmente vale la pena. Pero es que esa gran oleada por promover la integración de las regiones del país fue uno de esos salpullidos que les da de tiempo en tiempo a los tecnócratas de Bogotá y a los niños bonitos que casi siempre manejan la pomposa oficina de Planeación Nacional, que si algo planean es con vista a los siguientes 6 meses y la forma como al transitorio dueño del cargo se le promueve, en el próximo gobierno, a una “chanfaina” más deslumbrante y, desde luego, mejor paga.

En otras épocas a algunos grupos de gomosos nos daba por armar pequeñas escapadas a la fría Pamplona para ir a disfrutar sus fiestas, su indudable hospitalidad, apreciar sus mujeres bonitas que además están siempre reforzadas por ese ejercito de damas de todos los departamentos del país que estudian allí, pero, desde luego, esas son cosas del pasado. ¿Fiestas en Pamplona? Hummmm ¿y eso que?, pensaran los que apenas si pudieran saber que este evento se está desarrollando allí. Como dice una romántica canción, “como cambia la vida”.  En lugar de ir para adelante en el empeño de la integración con nuestras comunidades vecinas, sí que es cierto que estamos como el cangrejo, de para atrás en esa y muchas otras cosas.

Y mi pregunta final es, ¿será que mis nietos y tataranietos si verán una buena carretera que nos comunique por lo menos hasta Pamplona? Pero por favor, si me quieren ayudar a encontrar la respuesta, no le cran al Ministro ese del Norte de Santander que hoy está por aquí endulzándonos la píldora.  Porque según él vanos a ver correr ríos de miel y leche por nuestra agreste geografía regional, pero lo que no nos dirá es cómo ni cuándo. ¿No se acuerdan acaso del Ministro de Obras Publicas del Presidente Uribe que nos juró que entre Cúcuta y Bucaramanga tendríamos la mejor carretera de cuatro carriles del mundo entero? ¡Ahí Dios!, pero nunca aprendernos…