Editorial: LA LOCURA VENEZOLANA

Por Wilfredo Sierra Moreno.   

wilfredo sierra morenoCiertamente desde hace tiempo ha quedado demostrado a los ojos del mundo que la vía política y social elegida por el oficialismo gobernantes en Venezuela es incoherente y disfuncional y, muestra palmaria de ello es la terrible situación de orden social y económica que vive nuestra hermana republica, sometida a un desabastecimiento de productor de primer necesidad que amenaza convertirse en una catástrofe humanitaria.

Herederos de la tradición totalitaria comunista, el Chavismo ha querido imponer un silencio absoluto a todo lo que critique sus intenciones y acciones en el poder, y mucho más ahora en que para amplios sectores de la opinión política internacional es claro que es un gobierno ilegitimo luego de que literalmente le robo las elecciones a su opositor. Chafarotes y bestiales, la poco inteligente dirigencia del gobierno venezolano ha querido acallar toda critica interna a punta de verdaderos golpes físicos, y ahora, tristemente, lo quiere hacer con sus vecinos,  a quienes no les quiere permitir el legitimo derecho que tienen de conversar con quien le de la gana.

Desafortunadamente hay que decir que el Presidente Santos es victima de su postura débil frente al gobierno de Venezuela, inconsistencia que se vio reflejada cuando de manera apresurada y sin esperar a confrontar los hechos con la realidad, salió a reconocer el triunfo del impredecible señor Maduro en las elecciones inmediatamente anteriores. Ahora al decir que va ha responder por la vía diplomática al agravio a la dignidad del gobierno y el mismo pueblo colombiano, el Presidente nuestro vuelve a mostrar una sumisión inexplicable frente a los dictadores de al frente, en un comportamiento que no deja esperar cosas muy buenas hacia el futuro.

No somos, por supuesto, amigos de las energúmenas reacciones de Álvaro Uribe Vélez, partidario de incendiar la pradera a toda hora, pero como decía una queridísima señora amiga mía, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra  cosa”. Con lo que la enigmática dama quería significar que uno no debe confundir “Pepita Gómez”, con “gomitar pepitas”, y detrás de la apariencia de decencia esconder la debilidad y la inconsecuencia. De los “chafarotes” de al frente no se puede esperar más, porque ellos son así, torpes, ignorantes y violadores de todos los principios democráticos respetados por el mundo civilizado. Pero nosotros no podemos caer en dejar sentir la sensación de que somos de la misma ralea o intimidados por ella. Y la responsabilidad política y social de representar a todo el pueblo colombiano, hace que se asuman con vigor los compromisos que esa representación implica.