Editorial: LAS FIESTICAS DE FIN DE AÑOS DE EN ALGUNAS ENTIDADES OFICIALES…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileNadie niega que después de un año largo de trabajo algunos buenos burócratas de la parte  oficial quieran distraerse un poco y entrar en el ambiente  que prima por estos días, pero definitivamente a ciertos personajes de las diferentes nóminas de empleados se les va la mano en la proyección de sus parranditas…

Es lo que acaba de pasar, por ejemplo, con los empleados del Congreso de la Republica que tenían la intención, segunda datos recogidos ayer,  de gastarse la bobadita de 1.000 millones de pesos en una fiesta para la que tenían invitados –pagándolos del presupuesto oficial – a algunas de las principales orquestas del país. Ellos, buenos exponentes del típico tropicalismo  colombiano, querían aplicar aquello de que “lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta”.

Triste, por decirlo menos, ese espíritu ligero e irresponsable, que no solo en al ánimo de los empleados del Congreso, prima en un buen número de entidades públicas -¡que no en todas afortunadamente!- y que hace suponer que los dineros del erario público, de los contribuyentes, que le cuesta sudor y lágrimas por vía de los impuestos a los ciudadanos comunes y corrientes,  se puede gastar así de fácil, irresponsablemente, con desfachatez, sin que nada pase.

Y posiblemente uno de los núcleos centrales del descuadernamiento de la acción oficial frente a la opinión pública nacional, está en esa inconsecuencia de una burocracia y una clase política que no entiende de la necesidad de priorizar el patrimonios de las diferentes tesorerías estatales en acciones que de verdad beneficien a todos los miembros de la sociedad.  Y es que nadie niega que en todos los estados del mundo, la acción tributaria es una vía indispensable para sostener cualquier tipo de estado o gobierno, pero los problemas comienzan cuando esa plática, consignada tan de buena voluntad, termina invertida en menesteres que nada tienen que ver con la razón de ser de su recaudo inicial.

Está bien que los funcionarios, a todos los niveles, quieran disfrutar de lo que entre nosotros genéricamente llamamos el espíritu navideño, pero de ahí al derroche, el despilfarro y a la desvergüenza, hay una distancia que no se justifica bajo ninguna consideración. Como decía nuestro viejo amigo, el poeta  Gustavo Cote Uribe, por favor, sindéresis…