Editorial: LAS VERDADES OFICIALES…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileLa reapertura de la discusión sobre el proceso 8.000 y los famosos narco casetes nunca dejara de ser un ejercicio hipócrita en el que los protagonistas de los sucesos jugaran siempre con cartas marcadas y verdades a medias, que solo buscan salpicarse unos a otros de acuerdo a la conveniencia del momento y que nunca, óigase bien, nunca dejaran ver expresiones sinceras en los actoras de los sucesos.

 Que entro plata del narcotráfico a la campaña de Ernesto Samper Pizano es una verdad que nadie que no sea congénitamente estúpido reconoce de bulto, pero los detalles del affaire, sus intríngulis y pormenores precisos no se sabrán a ciencia cierta, porque cada quien a su manera se guardara un pedazo de los sucesos para no salpicar del todo la estructura del establecimiento puesta en juego, porque al fin y al cabo,  se trata de mostrarse los dientes pero no herirse, porque eso hace parte de la manguala del estado en todas la latitudes del mundo, salvo que las cosas lleguen a un extremo en  que la consigna sea la guerra total.

Las verdades oficiales son un hecho en todas los establecimientos universales y aunque la mayoría de los pueblos sujeto a ellas no las cree ni de fundas, son un hecho formal que hace parte de la zalamería puritanista  que quiere mostrar a todos los exponentes de las elites de la sociedades con un comportamiento supuestamente intachable – sobre todo  de su clase dirigente – como parte de esa etique formal de dignidad que solo los más tarados se creen completamente. Que muchos de los tránsitos de unas elites a otras se han hecho con derramamiento de sangre y procedimientos sucios en todos los lugares donde hay lucha por el poder, es más que evidente, pero nunca sus artífices, salvo en casos de irreversible evidencia, saldrán a decir, si, yo cometí ese delito.

Frente a la verdad oficial de esa campaña presidencial de marras, ni siquiera la declaración del ex embajador de los Estados Unidos, señor de señores para las elites criolla, ni las convicciones de la los funcionarios de la DEA, supuesta depositaria de la eficiencia en la inteligencia militar y política del mundo, vale. Nada vale frente a los señores omnímodos del establecimiento criollo y aquí, sencillamente no paso nada, porque ésta es, nos quieren hacer creer, una democracia cristalina y pulquérrima, donde nadie se mancha las manos ni con una mota de polvo. ¡Si, como no…!