Editorial: LLENOS DE PODER ECONÓMICO Y POLÍTICO, EN EL NOMBRE DE DIOS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

bg_profileHace algunos años cuando los sectores democráticos hablaban de la necesidad de mantener el laicismo en la estructura administrativa y política del país, casi siempre se hacía referencia a la influencia de la Iglesia Católica en la actividad pública colombiana, que durante muchos años, a las buenas o a las malas, marco la formación conservadora  de este país. Pero de un tiempo para acá, los curas dejaron de ser el factor ciento por ciento determinante de la influencia religiosa nacional, y con la explosión de las iglesias protestantes, los pastores –verdaderos pastorcitos mentirosos- sus hijos y parientes (también son rosqueros estos nuevos inquisidores de la sociedad) comenzaron a jugar un papel muy importante en la orientación de la vida nacional, y por supuesto, se metieron en la política y en los cargos de responsabilidad pública.

Llenos de miles de millones de pesos que le quitan a la gentecita incauta con el cuento de que el dinero que recogen va directamente a  Dios –¿culpable acaso de delito de simonía?-  la voracidad más que mundana de estos negociantes de la fe no se quedó en exprimir el bolsillo de sus incautos feligreses, sino que salto muy pronto a la política, con candidatos a Concejos Municipales, Asambleas, Cámara y Senado y, claro,  a la burocracia estatal, en donde con la careta prestada de santos irreprensibles, han ido extendiendo su poder de una forma descomunal, gracias a la complacencia de la clase política tradicional que ve, en los feudos electorales que son ese gran número de seguidores de estos predicadores hipócritas, una oportunidad de apuntalar y consolidar las colectividades políticas tradicionales.

Algunos de esos personajes son famosos en la crónica comarcana por la forma en que, de ser simples desarrapados con las patas al suelo, construyeron grandes imperios religiosos y económicos y, claro, han logrado convertir a sus hijos y familiares en figurones de la vida política provinciana y nacional, quienes con desfachatez digna de mejor causa, dicen ser los ventrílocuos de Dios y hablar en el nombre de Él cuando defienden sus intereses personales. Pero ¿y que de los delitos en varias arias que muchos de estos supuestos enviados del cielo han cometido en la histórica jurídica reciente nacional? Esos son pequeños deslices mundanos de la carne, dicen estos cínicos acomodadores de la moral pública, y con el supuesto perdón de su Dios –bien alcahueta por cierto- estos pretendidos   nuevos dueños de las verdades reveladas, quieren y muchas veces logran obviar la justicia mundana.

Pues bien, quitarle la plática a la gente con un cuchillo o un arma en la mano, por contratos leoninos del erario público, por jugadas maestras en la bolsa de valores o engañándola diciendo que el dinero que depositan en la colecta de las iglesias protestantes o en ese negocio súper lucrativo que es el diezmo, es dinero que directamente va al cielo, es robar y falsear aquí y en cualquier parte del mundo. Y si hubiera verdadera justicia muchos, si no todos de esos negociantes de la fe, deberían estar en la cárcel pagando por su descarada desvergüenza de usar el nombre de Dios para llenar sus mundanos bolsillo de plata. Pero no, aquí se les premia nombrándolos concejales, diputados, parlamentarios, senadores, y un día de estos Presidente, y todos tan contentos… ¿Y de la razón laica de ser del estado colombiano, que?