Editorial: LOS CAMPESINOS, ¿MALOS PADRES?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

descarga111Ahora que están de moda los campesinos de nuestro país y que por medio de sus acciones reivindicativas se han ganado la simpatía de muchos de los colombianos que vemos en ellos a los verdaderos formadores del presente y el futuro de la nación, no dejamos de sorprendernos  al escuchar que un reciente estudio de impacto familiar ha demostrado  que estos bueno señores son unos verdaderos maltratadores con sus hijos. El estudio, realizado con todo el rigor que estos trabajos de campo requiere, demuestra que en materia de la relación padres-hijo los sectores campesinos no han avanzado del medioevo, y que el imperativo machista, dominante y agresivo está presente, día a día, en el trato con sus menores y jóvenes descendientes.

Particularmente creo que así como nos solidarizamos con los requerimientos económicos y funcionales de este importante sector colombiano, igualmente debemos demandar de ellos, pero así mismo de las autoridades, una revisión de los criterios arcaicos y poco modernos de sus relaciones familiares. Entre otras cosas, porque si realmente queremos tener futuro en las próxima generaciones de colombianos, en todos los estratos sociales y en las diferente regiones nacionales, debemos  velar porque la formación, el trato y la consideración con  los niños sea el adecuado, sin esas afirmaciones incoherentes que oímos en otros tiempos, según las cuales “como son mis hijos yo puedo hacer con ellos lo que me de la gana”.

Sin negar que los muchachos de las familias campesinas deberían preocuparse desde muy temprano por las labores y el mismo trabajo en el campo, ello no quiere decir que se les puede quitar, con cualquier pretexto, el derecho inalienable que tienen al estudio,  o que su fatal destino sea el convertirse en un peo más – ¡y sin salario! – de sus padres. Ese tipo de explotación infantil está muy arraigado, desafortunadamente, en los sectores rurales nacionales, y algo serio hay que hacer para que la infancia y la juventud no sea un factor más de riesgo en la formación de hombres y mujeres amargados y resentidos. Pero aquí también tendrían mucho que ver algunas famosas instituciones del estado que dándose mucha publicidad en los medios de comunicación sobre su supuesto papel en el cuidado de la infancia y la adolescencia, a lo hora de la verdad no cumplen cabalmente con su cometido.