Editorial: MUERTES POR ALCOHOL, TEMA DE NUNCA ACABAR.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredoCada día son más frecuentes los casos de tragedias ocasionadas por conductores borrachos al volante, y en esta como en muchos otros casos, pareciera que el supuesto avance tecnológico de la sociedad moderna no sirve para nada y que los mecanismos legales que regular el comportamiento de los miembros de una comunidad es  inadecuado para cumplir el cometido que el ordenamiento jurídico teóricamente se ha encomendado.

Aunque muchas veces nos hemos referido al alcoholismo como enfermedad, entendemos perfectamente que la sola consideración de esa condición no es óbice para obviar las implicaciones penales de quitar la vida a otros seres humanos en estado de embriaguez, y frente a la demanda cada vez más apremiante de amplios sectores de opinión pidiendo mayores y más efectivas median punitivas a los infractores, lo que se percibe de todos los estamentos oficiales son oídos sordos.

En el Congreso de la República una y otra vez proyectos que buscan aumentar las penas de los conductores irresponsables nunca han tenido visto bueno, y el criterio popular no deja de ser suspicaz al decir que legislan en cauda propia, como quiera que un buen número de integrantes de Cámara y Senado de la Republica son unos buenos consumidores de trago y, por supuesto, hacen parte de ese ejercito de hombres y mujeres que, sin ningún reato, maneja luego de haber ingerido una buena cantidad de licor.

Por desgracia la ingesta alcohólica hace parte de una cultura machista que desgraciadamente esta terriblemente enraizada en la sangre de muchos de nuestros congéneres, y aunque esta afirmación ponga a volar a más de un cuadriculado ciudadano, no muchos pueden negar a tragos, mujeres y poder, hace parte de un paradigma primario de nuestra cultura, que muchas desgracias nos han generado colectivamente. Si el mismo Fiscal General de la Nación se bajó por las orejas diciendo que mayores penas carcelarias no eran la solución, no hay que esperar que remedio alguno surja frente a este problema. Parece que tendremos que contentarnos con seguir viendo, día a día, el terrible registro periodístico de quienes pierden su vida o quedan inválidos por el resto de su existencia, solo porque a un irresponsable le dio por creer que era muy gracioso manejar con tragos en la cabeza.