Editorial: NEGOCIACIÓN DE PAZ ESTÚPIDA…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mMucho, pero mucho más desprestigiados que el pastorcito mentiroso de nuestras lejanas fabulas infantiles, están los dos protagonistas sentados en la mesa de supuesta negociaciones en La Habana, Cuba, cada uno tratando de meterle un montón de goles y falsedades al otro, y los dos, creyendo a la opinión pública colombiana definitivamente descerebrada como  para suponer que desde esta lado de la pantomima de la tal mesa de diálogos, el resto de nacionales nos tragamos una sola letra de todas las tonterías que todos los días dicen los voceros de las partes.

Ahora bien, la guerrilla debe ser bien tarada si cree que nosotros nos tragamos el infundio de que su lucha, todos estos años, ha sido por el bienestar de los más necesitados y el pueblo, como si a la larga cadena de crímenes, atropellos y vejámenes contra los sectores populares más apartados del país, no tuviéramos que agregarle ahora la acción demencial que han emprendido contra Buenaventura, una de las poblaciones más pobres y paupérrimas de la nación, a la que los “revolucionarios” de la FARC han resuelto dejar sin luz como consecuencia de la manía psicótica de este “ejército popular” de vivir volando torres de energía eléctrica, puentes, escuelas y todo lo que se le ponga a su paso.  ¡Bonita manera de ayudar a los humildes!

Pero todo esto es posible porque el Estado colombiano realmente no tiene el control efectivo del orden público, ni tiene ninguna capacidad práctica para tratar de garantizar que los dictados teóricos sobre la preservación del bien público, la vida y honra de los ciudadanos, sean efectivo. Luego todo lo que al respecto diga, prometa o firme, no deja de ser una declaración inane de buenas intenciones que todos sabemos no van a tener concreción efectiva. Con un pequeñísimo agravante: que eso implica que lo que firme con los insurgentes en Cuba tiene tanta consistencia como una palmera al viento, y que una vez más, como paso como la Constituyente de 1991, que supuestamente iba a cambiar de una vez por todas la realidad nacional, o el gobierno de Bienvenidos al Futuro, que nos dejó realmente mucho más en el pasado, lo único que va a dejar este nuevo embeleco mentiroso es más frustración y tristeza.

Lo más preocupante es que no basta sino que los señores guerrilleros en medio de su arrogancia rompan su supuesta tregua unilateral, para que tengamos que recoger muertos a cargaderas de nuestra fuerza pública y de la población civil, demostrando una vez más -¡como si fuera necesario!- que la “grandeza moral” de estos teóricos defensores del pueblo es bien pobre. Pero claro, como los muertos no son los de la familia del Presidente de la República, ni de ninguno de los parientes de los Ministros de Estado, pues ese es el precio que habrá que pagar, dirán con cinismo sinigual los defensores de este gran invento del siglo XXI en Colombia.

Desde el inicio de este proceso el gobierno dijo que su aprobación definitiva pasaba por el voto general del electorado colombiano para respaldarlo o reprobarlo, pero por el camino hombre tan “brillante” como el señor Fiscal General de la República se ha construido la teórica de que eso no es necesario, lo que resulta otro gran “pistolón” más de entre todas las mentiras con que desde el establecimiento de “la Gran Mesa” se ha rodeado este proceso. Aunque de alguna forma tienen razón en sus prevenciones los grandes señores de la burocracia oficial, porque con todo lo desprestigiado que esta el proceso, no creo que logren una mayoría para aprobarlo, con lo que  el tiempo y los muertos puestos todos estos días, habrían sido inútiles.

 Lo otro que supone en la teoría los acuerdos de paz es que la guerrilla va a salir del monte a hacer política, pero con el rechazo que tiene estos señores en la gran mayoría de las gentes de este país, solo van a tener – y esto – los votos de sus militantes y los que logren por las armas, que dicen no van a entregar.  Luego por eso están presionando para que desde ahora, y a las malas –a su manera- se le asignen a los guerrilleros cupos en el Senado, Cámara de Representantes, Asambleas departamentales, Concejo municipales y hasta alcaldía. Ese es el criterio de “democracia” de nuestros brillantes guerrilleros. Pero el pueblo piensa otra cosa y no creo que puedan tener la vigencia histórica para transformar el país de la que se precian desde la clandestinidad y con las armas en las manos.

Este novelón de los acuerdos de paz está demostrando que va para largo, para bien largo, y mientras tanto miraremos que seguirá pasando en sus desconcertantes melodramas.