Editorial: NI JUBILADOS LOS CACIQUES POLÍTICOS SE QUIEREN RETIRAR…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileLa noticia registrada ayer de la nueva postulación del ex senador Tito Edmundo  Rueda Guarín muestra, hasta donde, el  ego de los caciques tradicionales de todos los partidos políticos no tiene limite y, que ni aun ya jubilados del Congreso de le República, los que han sido tradicionales dueños de feudos provinciales y nacionales quieren soltar el mango, lo que es ejemplo muy claro de como el supuesto  deseo de servir desinteresadamente a sus conciudadanos – como es el discurso que tradicionalmente uno les escucha decir – es una mentira tan grande como una catedral.

Pero lo de Tito Rueda tiene una connotación muy precisa… La soberbia del soberano no ha podido perdonar que dos de sus anteriores subalternos, Mario Suárez y Jaime Duran, se hayan querido independizar y quieran seguir en la política sin la bendición de su anterior patrón. Aquí, la connotación patriarcal, monárquica y arrogante de la clase política colombiana está pintada de cuerpo entero, porque desde luego, si traemos a colación hoy el caso de Rueda Guarín, no quiere decir que el resto de los dueños de feudos electorales sean diferentes y que vean con muy buenos ojos la renovación de los cuadros directivos y de los candidatos a las corporaciones publicas.

Una de las razones de las que me llevo personalmente a retirarle mis simpatías a mi antigua militancias liberal fue precisamente ver como el discurso supuestamente reivindicativo y renovador del teóricamente partido del pueblo, era solo eso, una forma retorica de falso fondo, que solo servía de excusa para llevar a los mismos con las mismas a las corporaciones publicas y al gobierno, sin que a los de abajo, fuera del derecho de votar y hacer campaña como buenos súbditos de unos monarcas de sangre embarrada, les quedara nada.

Pero claro, la estructura política nacional está diseñada para que unos roscas empotradas en el poder, de todos los talantes y colores cualquiera –  incluidos los de la supuesta izquierda – utilicen un sector minoritarios del caudal electoral potencial de la nación –la gran ganadora de siempre es la abstención- para legitimar, formalmente, la dictadura de las roscas excluyentes que gracias a la maquinaria de unas caudas electorales muy bien aceitada, vuelven una y otra y otra vez a tener la representación formal de la legitimidad política.

Y desde luego, con el cuento de institucionalizar unos partidos políticos fuertes  y responsables -¡que risa!- en la anterior reforma política se subió el umbral electoral para dar entierro de tercera a los pequeños partidos que de algunos forma –aunque no del todo- eran un airar de las participación democrática colombiana. Ahora si que no quedaron si no los de las roscas y la plata, aunque entre ellos tampoco es que exista mucha lealtad que digamos, y de cuando en  cuando  nos dar el espectáculos de verlos cogidos a dentelladas… ¡Pero que carajos, esa es la democracia!, dirá don Tito Rueda Guarín.